Rafael Marcoida Echeverría nació en Gordejuela, Vizcaya, España, el veintitrés de octubre de 1911, y al día siguiente fue bautizado en la Iglesia San Juan Bautista. Sus padres fueron Félix y Pilar, quienes sembraron en él y sus tres hermanos profundos valores cristianos.
Comenzó sus estudios de primaria en Gordejuela en 1917 hasta 1922, y posteriormente cursó el bachillerato en Durango, Vizcaya, hasta 1926.
Es en estos años que su inquietud religiosa fue aumentando hasta que tomó la decisión, con quince años de edad, de ingresar al Noviciado de Loyola el veinticuatro de octubre de 1926.
Cursó los estudios de Juniorado también en Loyola de 1928 a 1931.
Al finalizar su formación humanística, inició su estudio de Filosofía en Marneffe, Bélgica, hasta 1934. Es en esta fecha que se llevó a cabo la supresión de la Compañía de Jesús en España.
Terminada la Filosofía comenzó el Magisterio en Mérida, Venezuela, en el Colegio San José como subprefecto de disciplina, docente de 3er y 4to grado, y profesor de caligrafía hasta 1937.
Posteriormente, cursó el primer año de Teología en el Colegio Máximo San Francisco Javier en Marneffe, Bélgica; el segundo año en el centro homónimo de Durango, Vizcaya; y concluyó sus estudios en el Colegio Máximo San Francisco Javier de Oña, Burgos, en 1941. Durante el tercer año de su formación teológica fue ordenado sacerdote por Monseñor Manuel de Castro Alonso, arzobispo de Burgos, el quince de agosto de 1940
En 1942 hizo la Tercera Probación en Gandía, Valencia, bajo la dirección del P. Antonio M. Aguirre, S.J.
Al finalizar el Terceronado, regresó a Venezuela el diecisiete de agosto de ese mismo año para incorporarse al Colegio San José de Mérida. Allí se desempeñó como docente de geografía e historia universal en 1er año, así como también de gramática en 6to grado, también ejerciendo como confesor de los alumnos y procurador hasta 1945.
Pronunció sus Últimos Votos ante el P. Dionisio Goicoechea, S.J. rector del Colegio en 1943.
Luego de una estancia de tres años en Mérida, fue destinado a la residencia San Pedro Canisio en Pueblo Nuevo, Paraguaná, Estado Falcón, donde residió con el P. José Cantabrana, S.J. y el Hno. Leúnda, S.J. Allí su misión apostólica fue muy activa: fue procurador, ayudante del párroco, admonitor, prefecto de la biblioteca y padre espiritual de la comunidad, además de confesor en el templo. Asimismo, guió a la Congregación Mariana y al Apostolado de la Oración, impartió catequesis, visitó escuelas nocturnas y brindó su apoyo en diversas tareas pastorales.
En 1952 estuvo en Punto Fijo, donde continuó desempeñando las mismas funciones que en Pueblo Nuevo.
Al año siguiente, en 1953, pasó a la residencia San Felipe en Maracaibo, Venezuela. Allí se desempeñó como operario y predicador, dirigió ejercicios espirituales y ayudó en las parroquias de La Concepción y La Paz. También estuvo a cargo del archivo parroquial, colaboró en la capilla móvil Cristo Rey y en la revista Hosanna, visitó escuelas y ejerció como confesor tanto de la comunidad como del templo.
Luego de dos años en San Felipe, pasó al Colegio Gonzaga donde se desempeñó como procurador, secretario, director espiritual, profesor de religión y confesor de los alumnos y de la comunidad, además de dar catequesis a los empleados.
En 1957 regresó a la residencia San Pedro Canisio, en Pueblo Nuevo, para trabajar como ayudante del párroco, presidió la Congregación Mariana y fue confesor en el templo, labor que realizó al mismo tiempo que sus visitas pastorales a Punto Fijo y a Las Piedras.
En Punto Fijo colaboró como ayudante del párroco, fue moderador del Apostolado de la Oración, presidió la Congregación Mariana, visitó hospitales, custodió el archivo parroquial y ejerció como admonitor. Posteriormente, en 1961, asumió el cargo de Párroco en la Iglesia Inmaculado Corazón en Carirubana, también fue consejero de la Legión de María y de Acción Católica, además de impartir clases de latín y griego en el Liceo Talavera.
En Las Piedras fue Párroco del Inmaculado Corazón de María, custodió el archivo parroquial, coordinó el Apostolado de la Oración. Presidió la Congregación Mariana, enseñó catequesis en las escuelas, visitó el hospital local, ejerció como director de la Hora Católica y fue consultor.
Al concluir los cuatro años en Paraguaná, fue destinado a Puerto Ordaz, estado Bolívar, como Párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Fátima donde trabajó dando catequesis en las escuelas y siendo moderador de la Congregación Mariana, el Apostolado de la Oración, la Cruzada Eucarística y Acción Católica.
En 1963 llegó a la residencia San Felipe Neri en Maracaibo, donde se desempeñó como ministro, vicario cooperador, encargado de la iglesia, confesor, operario, enseñó catequesis en escuelas públicas, fue director espiritual en la Escuela Javier, ejerció como consultor, y fue capellán del Hospital Chiquinquirá y ecónomo.
Tras pasar dos años en Maracaibo, se trasladó a la residencia San José Pignatelli en Los Teques, para desempeñarse como Misionero Rural.
Según los datos del catálogo de la Provincia, en 1967 vivió en Jesús Obrero. Al año siguiente, en 1968, se trasladó a San Fernando de Apure donde residió en la casa parroquial, impartió clases en la Escuela Fe y Alegría de La Guanota y se desempeñó en labores misioneras.
Durante el curso de 1968 – 1969 regresó a Puerto Ordaz, pero en esta oportunidad al Colegio Loyola donde se desempeñó como operario, confesor de la comunidad y de los alumnos.
Al finalizar el año escolar en el Colegio Loyola, viajó a Puerto Rico para ser vicario cooperador en la Parroquia Inmaculada Concepción y en las misiones.
En 1971 regresó a Venezuela, y residió en la residencia y Parroquia San José Obrero en Maturín, como vicario cooperador.
Luego de seis años, fue destinado a la residencia y parroquia San José en Mérida, como operario y capellán de las Siervas del Santísimo.
Al trasladarse a la residencia de San Cristóbal en 1978, colaboró como vicario cooperador en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Guasdualito, estado Apure. Más adelante, durante 1980-1981, se integró a la residencia San Pedro Canisio en Punto Fijo, dedicándose al manejo del archivo y los documentos jesuitas en Paraguaná.
Residió en la casa de Jesús Obrero durante cuatro años, 1981-1985, donde se desempeñó en diversas labores como operario y colaborador en la investigación de la historia documental de la Provincia. Posteriormente, en 1987, se trasladó a Cumaná para vivir en la residencia San Luis Gonzaga donde fue operario, capellán del Hospital Antonio P. de Alcalá y donde se dedicó a la escritura hasta 1989.
Por problemas de salud es obligado a regresar a España, siendo destinado en 1989 a la Residencia San Luis de Villagarcía de Campos, Valladolid, en España, hasta el 2007.
El dieciocho de junio de 2007 falleció el P. Rafael Marcoida Echevarría, S.J. en la Enfermería de Villagarcía de Campos, España, tenía noventa y cinco años de edad y ochenta años de Compañía.
Era un hombre que le gustaba aprender, estudiar, sabía francés e inglés, le gustaba la historia e ir de misiones. Y es en sus estudios filosóficos que supo combinar la migración con su vocación misionera.
En una carta del padre Provincial Arturo Sosa, S.J., agradeció la labor del P. Rafael Marcoida, S.J.:
“Como Provincial, que inicié mis funciones el 1° de septiembre, deseo expresarle en mi nombre y en el de todos los jesuitas de Venezuela mi felicitación más cordial en esta ocasión en la que damos con usted gracias a Dios por esos setenta años de dedicación consagrada en cuerpo y alma como compañero de Jesús.
Gran parte de esos años, desde 1942, usted regó su vida por nuestra tierra como misionero ´discurriendo por cualesquiera partes´ donde su celo apostólico y la obediencia le indicaban (…) En nombre de todos hago explícito el agradecimiento”.
Siempre tenía la disponibilidad para trabajar en los diferentes destinos de la geografía venezolana, la cual recorrió cuando los caminos eran de tierra. Tanto se entregó a Venezuela que seguía de cerca los acontecimientos históricos y políticos sin ocultar su preferencia.
Damos gracias a Dios por la vida y obra del P. Rafael Marcoida Echevarría, S.J., y pedimos que su ejemplo nos anime en la misión encomendada.
Schirley Echenique
Comunicaciones Curia