La vocación del Jesuita

Los Jesuitas somos compañeros de Jesús enviados de forma universal con una misión: proclamar la Buena Noticia, comprometidos por los votos al servicio de la fe y la promoción de la justicia.

Somos compañeros con un profundo amor por Jesucristo. Es Jesús y su mensaje el centro y la brújula que da sentido a nuestras vidas, la batería que nos da energía para la acción y el maestro que nos enseña cómo y qué hacer para que su Buena Noticia de fe, esperanza y solidaridad les llegue a todos los hombres.

Somos compañeros contemplativos en la acción. La fuerza de la Palabra de Jesús, su mensaje y acción, están presentes en todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Somos compañeros que constituimos un cuerpo apostólico en la Iglesia. Somos obedientes y estamos en sintonía con la Iglesia, Madre y Maestra, como depositaria de las enseñanzas de Jesús bajo el romano Pontífice.

Somos compañeros solidarios con los más necesitados, con los más pobres. Queremos que nuestras palabras y acciones busquen tenderle una mano amiga y solidaria a los que están apartados, marginados por la sociedad, a los que no son libres, a los que no tienen esperanza y a aquellos con carencias espirituales y materiales.

Somos compañeros con otros. Los jesuitas trabajamos en equipo, colaboramos junto a otros, complementándonos, con lo mejor de nuestros talentos para dar un mejor servicio en las tareas que estemos realizando, y así alcanzar un mundo con más fe y más justicia.

Somos compañeros llamados a un ministerio instruido. Invertimos un largo tiempo en nuestra formación, con el fin de obtener las mejores herramientas que nos permitan ofrecer un buen servicio.

Somos compañeros disponibles para nuevas misiones. Queremos estar disponibles a nuevos retos, para ser enviados a nuevas misiones y realizar un bien mayor; allí donde más se necesite, donde nadie quiere ir, en cualquier lugar o frontera humana o geográfica.

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