José Ignacio Maíz Freire nació en Vitoria, Álava, España, el treinta de julio de 1930. Fue bautizado a los dos días en la parroquia San Miguel Arcángel. Sus padres fueron José María y Felisa, que les enseñaron a él y a su hermana profundos valores cristianos.

Estudió sus primeros cinco años de primaria en el Colegio Santa María (Marianista) de Vitoria en 1935 hasta 1940. Durante esa etapa fue compañero de Roberto Martialay, quien más tarde ingresaría en la Compañía de Jesús. Posteriormente cursó el bachillerato (1940-1945), aunque los dos últimos años de secundaria los completó en la Apostólica de Javier, en Navarra, España.

Siguiendo el llamado del Señor y su inquietud religiosa, tomó la decisión de ingresar al Noviciado de Orduña, Vizcaya, el cuatro de octubre de 1948.

Hizo los estudios de humanidades en Veruela, Zaragoza, España, en 1950 a 1952.

Luego de terminar el juniorado estudió la Filosofía en Oña, Burgos, España, desde 1952 a 1955.

Finalizada la Filosofía comenzó el Magisterio en Durango, Vizcaya, España, como profesor inspector hasta 1958.

Los estudios de Teología los realizó en Oña desde 1958 a 1962. En su tercer año de estudios fue ordenado sacerdote en Burgos por Monseñor Zenón Arámburu Obispo de Wuhu, China, el veintinueve de julio de 1961.

Luego de la Teología hizo la Tercera Probación en Salamanca.

Al terminar el Terceronado fue destinado al Instituto Pignatelli en Los Teques, Venezuela, llegando al país el dieciséis de octubre de 1963. Allí inició sus primeros ministerios, y los estudios de bibliotecología en la Universidad Central de Venezuela (UCV), hasta 1964.

Emitió los Últimos Votos el quince de agosto de 1964 en Los Teques.

En un escrito el P. Jesús Orbegozo, S.J. recordó una anécdota del P. José Ignacio Maíz, S.J.:

“En el curso 1964-1965 inició sus estudios de Bibliotecología en la UCV, por esos años vivía en el 3er piso del Colegio San Ignacio una noche lo sorprendió un ladrón en su cuarto. Según nos contó él mismo sin alterarse, comenzó a conversar con él, le invitó a tomar un refresco en el comedor y le despidió en la puerta del Colegio. Nunca contó qué habían conversado, sino solamente que le dio buenos consejos”

En el curso de 1965-1966 fue docente de religión en 5to grado en el Colegio San Ignacio, ayudante del bibliotecario y confesor de los alumnos, además de continuar sus estudios en la UCV.

En 1967 fue a la Residencia San Felipe en Maracaibo donde se desempeñó como prefecto de la Iglesia, promotor del Apostolado de la Oración, presidente de las “Damas de la Caridad e Hijas de María”, se encargó de la biblioteca, fue confesor de la comunidad y en el templo, trabajó como Capellán del Hospital “Coromoto” y en 1971 en el Hospital Nuestra Señora de la Chiquinquirá.

En 1972 formó parte del Equipo Misionero trabajando en las parroquias del Chaco Argentino, en Argentina, hasta 1976.

Finalizado su trabajo en el Equipo misionero regresa a Venezuela, donde esperó destino hasta 1977 para desempeñarse como vicario cooperador de la Parroquia San José Obrero de Maturín, y residió en la residencia San Ignacio con otros dos jesuitas. En 1985 fue nombrado párroco de la Parroquia San José Obrero, después de la muerte del P. Víctor Manuel Salcedo que había sido párroco durante quince años, hasta 1998, además de ser capellán de la Escuela de la Policía del Estado Monagas y profesor de griego en el Seminario de la Diócesis de Maturín a requerimiento del Obispo.

El P. Maíz, S.J. se encontraba solo en la parroquia, a pesar de convivir en comunidad con otros dos jesuitas que estaban al frente de la parroquia San Ignacio, en Maturín. Esta última nació al dividirse parte del territorio de la Parroquia San José Obrero por iniciativa del P. Salcedo, quien asumió la división del sector y la construcción tanto de la casa parroquial como del templo, sin que esto le costase nada al Obispo más que firmar los documentos.

En un banquete ofrecido por las autoridades de Maturín al P. José Ignacio Maíz, S.J. la gente se enteró del sueldo simbólico (muy poco) que tenía como capellán de la Escuela de Policía. Esto al comandante lo hizo sentir muy avergonzado por la situación y dispuso que al capellán se le pagara sueldo equivalente al de un simple agente de la policía municipal.

Después de algunos años llegó un nuevo Coronel para asumir el mando de la policía, y este logró crear oficialmente la Capellanía con el sueldo mínimo de un funcionario administrativo, pero ya con otros beneficios como el seguro de salud. Un día el Coronel le dijo al P. Maíz, S.J.:

“Ahora es usted Capellán por nombramiento oficial, de modo que si usted quiere de aquí no lo saca nadie”

En enero de 1994 escribiendo el “Informe sobre la Capellanía de la Comandancia de Policía de Maturín”, que el P. Maíz, S.J. le enviaba al Padre General Peter Hans Kolvenbach, S.J. dijo:

“Sin embargo estoy plenamente a disposición de la Compañía de Jesús, que no encontrará en mí ningún obstáculo, si decide disponer de mí para otra cosa”

Durante su labor pastoral al frente de la parroquia logró un ambiente activo en la comunidad comprometida, reflejando el florecimiento de grupos como la Legión de María, Cursillos de Cristiandad y la catequesis, siendo también fuente de numerosas vocaciones religiosas y sacerdotales.

Tras su etapa como párroco estuvo como ministro, ecónomo, vicario cooperador de la Parroquia San Ignacio y padre espiritual en el Seminario San Pablo Apóstol de la Diócesis de Maturín, hasta 2004.

El diecisiete de marzo de 2004 falleció el P. José Ignacio Maíz Freire, S.J. en la Enfermería de Caracas, tenía setenta y tres años de edad y cincuenta y cinco años de Compañía.

El P. Roberto Martialay, S.J. en un escrito lo recordó:

“Era una persona que destacaba entonces por ser buen dibujante; y se le percibía como persona bondadosa, tranquila y muy de fiar”.

Fue un hombre íntegro, bueno y fiel a la Palabra del Señor, dispuesto a recorrer el sendero que Dios indicaba para él.

En la homilía de despedida del Padre Provincial Jesús María Orbegozo, S.J. expresó su agradecimiento:

“Nos reunimos los compañeros y amigos de Maíz para esta despedida, con el sentimiento de que se nos ha ido un hombre bueno. Maíz ha sido una buena persona y un buen religioso, que ha pasado entre nosotros haciendo el bien y sin llamar la atención, como brisa suave y refrescante.

(…) Como compañeros nos corresponde agradecer profundamente su vida al Padre, pues en él se ha mostrado el rostro del Dios bueno y fiel.

La gente percibió en el P. Maíz esa transparencia del Dios cercano, y manifestaron un especial aprecio hacia él. Así lo confirma, también, la carta que me ha dirigido el Obispo de Maturín Mons. Enrique Pérez Lavado, y la delegación de los fieles de la Parroquia San José Obrero que aquí hoy se han hecho presente, presidida por su párroco el P. Víctor Guerrero. Por medio de esta delegación quiero agradecer, a todos los fieles de la parroquia, su presencia y su acompañamiento cristiano al P. Maíz durante casi 30 años”.

El Director General de la Policía del Estado Monagas, el Comisario Wilfredo Laverde Esparragoza, envió una carta de agradecimiento a la comunidad jesuita:

“Reciban en nombre del Director General, Comité de Damas, Personal Policial, Administrativo y Obrero de la Comandancia General de Policía del Estado Monagas, nuestras más sinceras palabras de condolencias por la sentida desaparición física del Excelentísimo Presbítero José Ignacio Maíz Freire, Capellán de este Organo de Seguridad pública donde durante 19 años ininterrumpidos de servicio religioso nos llenó de regocijo, y en los cuales demostró gran devoción por sus votos y sus feligreses, hoy nos unimos al dolor por el eterno descanso de su alma y nos proporcione la fortaleza necesaria para superar tan profunda tristeza”.

Damos gracias a Dios por la vida y obra del P. José Ignacio Maíz Freire, S.J., y pedimos que su ejemplo nos anime en la misión encomendada.

Schirley Echenique

Comunicaciones Curia