Los días 27 y 28 de septiembre del presente año constituyeron para el equipo del Servicio Jesuita a Refugiados y parte del equipo de promotores comunitarios de Fe y Alegría en las zonas de Táchira y Alto Apure, una oportunidad para analizar la Reconciliación a la luz de la Espiritualidad Ignaciana, acompañados por el P. Elías López, S.J. En este sentido, los participantes pudieron conversar acerca

del actual contexto venezolano, las experiencias y vivencias particulares, lo que condujo a la reflexión y la determinación de las acciones a realizar desde los ámbitos personal y laboral para tender puentes hacia la reconciliación.

Fueron abordadas las distintas dimensiones de los sujetos de la reconciliación, el grupo de participantes consideró que para emprender un proceso de tal magnitud es importante reconciliarse con uno mismo, con Dios o con las fuentes de vida, para luego iniciar el proceso de reconciliación con los demás por formar parte de la dimensión social de cada ser humano, y así de modo consciente comenzar un proceso de reconciliación con la creación para sanar el medioambiente.

Los participantes tuvieron la ocasión de revisar las herramientas para la reconciliación desde la dimensión espiritual que comprenden las espiritualidades, la sanación y el perdón en la búsqueda de la energía vital para sanar las almas. Seguidamente, fueron revisadas las herramientas de la dimensión psicosocial como son la memoria histórica, para que a través de la cultura de paz y la práctica de la no violencia se pueda arribar a la transformación de los conflictos. Finalmente, se llegó el momento para conversar de las herramientas de la dimensión política entre las que se encuentran la verdad, la justicia y la reparación.

Al iniciar la experiencia fue notoria la inclinación del grupo de participantes en considerar que el actual contexto venezolano amerita de Reconciliación. Se partió de varias preguntas: ¿qué implica la reconciliación y cómo lograrla?, ¿por qué estudiar reconciliación y paz?, ¿reconciliación o estado de derecho?, ¿cómo cultivar la esperanza?, ¿es posible promover la reconciliación (sin desmayar en el intento) sin bajas y pérdidas humanas?, ¿cómo puedo contribuir a la reconciliación en mi país? Analizar el presente del país expuso la grave situación de violencia de la que somos víctimas, las personas manifiestan la sensación de que la vida ha perdido valor porque al parecer los valores humanos y su práctica se han perdido también, en una sociedad en la que está permitido ponerle precio a todos y a todo, incluida la dignidad humana.

Ante esta sensación de indefensión, vulnerabilidad y desazón surge el cuestionamiento de quién o quiénes son los culpables, lo que lleva a la conclusión de que la búsqueda de culpables sólo conduce al radicalismo que no permite movimiento y que aleja al país del diálogo y la participación, necesarios para contribuir al diálogo social y al deseado equilibrio. Es así como se demuestra la necesidad de reconciliar la mirada histórica y la memoria de la realidad venezolana que permita pensar en un futuro de reconstrucción del que todos formen parte. Se entiende entonces, la inmensa capacidad y necesidad de poner en práctica dos acciones: escuchar y negociar.

Escuchar para encender la luz en donde se ha ido apagando, para conectarse con la fuente de vida, para aprender además el valor del silencio como condición necesaria para llegar a la escucha profunda y abierta al arrepentimiento, a la paciencia y a la esperanza. Si se escucha se abre el camino a la verdadera participación democrática, se reconoce lo positivo, se asumen actitudes resistentes y resilientes respecto a la violencia, se habla de lo negativo y surge espacio para el perdón.

Al escuchar se permite a las personas expresar el dolor, porque se construyen espacios de con fianza. Sólo quien confía y se expone vulnerable ante otros es capaz de conectarse con la fuente divina, es capaz de levantarse, de ponerse de pie y de identificar que el amor debe estar más presente en las obras y acciones. Así, se entiende que reconciliar implica sentir confianza para que no nos divida el creer o no creer, para arribar al camino de la reconciliación discernida que conduzca a evaluar qué queremos hacer para que se reestablezcan en nuestra sociedad las relaciones justas.

Es propicio mencionar que si se sigue por este camino de la escucha abierta a las posibilidades, se encontrará de igual forma, el camino hacia la negociación como proceso para la coexistencia pacífica, la convivencia con pleno respeto a los Derechos Humanos de todos y finalmente, la comunicación que lleve a la confianza, al perdón y que abra la puerta para que como ciudadanos se decida vivir desde la luz y conectarnos con la luz de cada uno de los seres que se tiene alrededor.

Reconciliar implica alcanzar un grado de discernimiento tal, que se tenga la libertad suficiente para decidir desde dónde se quiere vivir. Así lo participantes del taller dieron una mirada positiva al futuro al decidir situarse desde la esperanza y la construcción de espacios para el encuentro, la escucha profunda y la negociación.

Por: Yovanny Bermudez SJ

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