Ser Jesuita va más allá

Ingresé a la Compañía hace casi seis años. Venía de trabajar durante dos años en la frontera colombo-venezolana con refugiados en el SJR de Guasdualito. La decisión de terminar el trabajo allí y entrar en la Compañía no fue fácil ni llena de certezas absolutas.

Poco a poco uno se ha ido haciendo en este camino y ha intentado estar con la mayor transparencia y disposición frente a aquellos retos que se han presentado, primero, en el noviciado en Barquisimeto y, posteriormente, en los estudios de filosofía en la UCAB. Ahora, culminado los estudios, entro en una nueva etapa como maestrillo, en la pastoral vocacional.

Así, creo que cada día que pasa va significando mayor compromiso y vinculación; en el que voy sintiendo y comprendiendo, además, que estar en la Compañía, como jesuita, va más allá de un trabajo en una obra específica, una pastoral o un estudio. Se trata, en realidad, de una opción de vida que copa todo lo que voy siendo, integrando mi historia de vida, el momento presente y la llamada siempre novedosa del Dios que invita a más.

Concretamente, creo que puedo traducir estos años como de una experiencia que ha posibilitado encuentros. En asumir que la vida va transcurriendo y nos la jugamos en la relación con los demás, sin categorizaciones ni condicionantes, solo desde la puesta mutua de aquello que somos. Y es en esas relaciones, profundas y maduras, pero, sobre todo, motivadoras y cercanas, desde donde es posible comunicar y responder a la llamada de la reconciliación, que hoy es inspiración para la Compañía .

La vida como jesuita se ubica en un camino en el que nunca pareciera que terminamos de llegar, puesto que es un continuo hacerse con la comunidad, con los apostolados, con los amigos, con la familia y, en fin, una apertura al encuentro desencadenante e inspirador que es respuesta fiel a aquello que se nos ha dado como principio y fundamento.

Juan Andrés Quintero, SJ

 

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