Los casos de abuso sexual en la Iglesia católica nos hicieron tomar conciencia que debíamos enfrentar el dolor de la herida dejada en tantas personas abusadas sexualmente por clérigos. Fueron muchos años de silencio, y de mucho dolor en las víctimas. Con el pasar de los años, especialmente con el pontificado del Papa Francisco, se han ido dando pasos –para algunos muy lentamente- con el fin de encontrar los mecanismos por los cuales la Iglesia se convierta para niños, adolescentes y personas vulnerables en un lugar seguro y protegido.

La CG 36 encomendó al P. General junto con los superiores mayores y las Conferencias de Provinciales, continuar el trabajo requerido para la promoción de una cultura de protección y seguridad de los menores, dentro de las comunidades y el cuerpo apostólico en las distintas Provincias. En las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) específicamente en la segunda: “Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia” se nos recuerda que “nos comprometemos a promover un ambiente sano y seguro para los niños y los jóvenes, y a oponernos activamente contra el abuso de todo tipo”. Ahora bien, este mismo horizonte expuesto por las PAU nos lleva a visualizar que los espacios sanos y protegidos de cualquier tipo de abuso se “enreda” con la tercera preferencia que tiene a los jóvenes como expresión de nuestra colaboración en la misión.

Ahora bien, el llamado realizado por la CG 36 y las PAU, y también la Iglesia, nos orienta a un proceso que empieza por hacernos conscientes de la importancia de la prevención. La prevención es más que un código de normas o protocolos de prevención de abuso sexual, por eso decimos que la prevención es una cultura que debe permear nuestro buen trato y nuestra educación, también la prevención es una espiritualidad eclesial, no solo concerniente a los clérigos, sino que incumbe a toda la comunidad eclesial. La prevención debe juntar esfuerzos individuales, familiares, comunitarios y apostólicos que tomen en consideración personas, tiempos y lugares para llevar a cabo acciones reales y creíbles de prevención de cualquier tipo de abuso a lo interno de la iglesia y de la sociedad.

En consonancia con lo anterior el primer aspecto clave de la prevención es la conversión del corazón. El abuso sexual es el resultado de acciones que están encuadradas en el abuso espiritual, de poder y de conciencia. Sin embargo, esta triada abusiva la encontramos “instalada” en modos relacionales a lo interno de la Iglesia. El clericalismo es el síntoma de culturas propensas al abuso. Este asunto conduce a integrar nuestra vida de fe con acciones de cuidado y de protección de los más vulnerables como también de todos/as las personas creyentes o no. El segundo aspecto lo hemos denominado la “espiritualidad de la prevención”, y tiene como fundamento la cruz, para decir que Jesús sufrió el abuso de poder del momento. Esta perspectiva nos lleva a “configurar la esperanza del presente y futuro porque se convierte en una práctica” a favor de las víctimas y abra los ojos de la sociedad sobre las consecuencias de relaciones marcadas por el abuso y la violencia. El tercer aspecto son las acciones encausadas a concretar la cultura del buen trato y la constitución de espacios sanos y seguros en nuestras Obras y Comunidades. Ambos procesos están enmarcados en la hermenéutica de la confianza como una alternativa opuesta a la cultura del abuso, la desconfianza, la culpa, el silencio y la falta de reconocimiento. Desde allí el llamado sea a dejarnos conmover por la herida de la víctima abusada y violentada.

A continuación, mencionaremos algunas de las acciones que hemos concretado en la Provincia con el fin de llevar adelante el encargo del Padre General Arturo Sosa: revisión del protocolo de abuso sexual con el fin de adecuarlo a las nuevas normativas eclesiales; revisión de los protocolos que tienen las distintas Obras de la Provincia; diseñar el programa provincial sobre la prevención de abuso y constitución de espacios sanos y seguros; buscar alternativas pedagógicas para diseñar un plan formativo sobre la materia en cuestión; formación sobre la temática de prevención de abuso sexual ofrecido por el Centro de Protección de Menores (CEPROME) adscrito a la Pontifica Universidad de México.

Como nos recordó el P. General necesitamos conformar la cultura de protección y seguridad de NNA y personas vulnerables “es decir, un modo de vivir, de relacionarnos y de trabajar, normal y habitual, en el que aquellos a los que servimos, especialmente los menores, se sientan siempre respetados, seguros y amados (…) El compromiso verdadero con los más vulnerables y débiles surge más bien de una vida íntegra edificada sobre la unión con Jesús pobre y desprovisto de poder. Contemplando a Jesús en la cruz, pedimos un amor cada vez mayor, que se manifieste en un servicio más desinteresado y abnegado”.

Yovanny Bermúdez, S.J.