La Iglesia ha de mantener la tensión entre su vida hacia dentro y su vida hacia fuera, su corazón vuelto al Resucitado y su amor al mundo, entre el don y la tarea, la contemplación y la misión. Pentecostés celebra la universalidad de la Pascua que el Resucitado encomienda al Espíritu Santo, su Enviado, su Misionero en la historia, mediante la Iglesia.

En este sentido, Pentecostés no es una fiesta autónoma y no puede quedar sólo como la fiesta en honor al Espíritu Santo; debe ser comprendida como parte de una unidad en donde se destaque la venida del Espíritu como la conclusión de la cincuentena pascual.

El Centro de Espiritualidad y Pastoral (CEP) de la Compañía de Jesús en Venezuela llevó a cabo desde el 21 hasta el 23 de mayo de 2021 el retiro de Pentecostés bajo la modalidad online, ofreciendo a las más de 80 personas inscritas la experiencia –muchas veces desapercibida- de sentir la presencia viva del Espíritu de Dios que trabaja desde dentro de nuestro ser.

Durante este espacio hemos recordado que el Espíritu de Dios está siempre vivo en el corazón del ser humano pues el Espíritu es la comunicación del mismo Dios en lo más íntimo de nuestra existencia. Desde la Espiritualidad Ignaciana contemplamos a este Espíritu como viento, fuego y sabiduría que se comunica y se nos regala, incluso allí donde aparentemente no pasa nada; pero con la firme convicción de que este Espíritu sigue trabajando de forma silenciosa en nuestros corazones y realidades, porque la ambigüedad de todo lo humano no se opone al Reino de Dios; al contrario, la eficacia del Espíritu se verifica en el ocultamiento, en lo no espectacular, “desde dentro” de la condición humana.

Las Preferencias Apostólicas Universales nos invitan a acompañar a las personas para que puedan discernir opciones complejas incluso de su vida misma, creando entornos que favorezcan los procesos personales gratuitos. Estamos inmersos en los efectos de la pandemia por Covid, las diversas y complejas situaciones socio-políticas, situaciones personales, etc. que pueden llevarnos a quedar “encerrados” sin que el viento del Espíritu nos mueva, sin que su fuego nos haga encender nuestros corazones y razones.

Desde la experiencia ofrecida estos días, pudimos reflexionar y orar sobre nuestra fe caracterizada por vivir en estado de misión. Porque la sabiduría que procede del Espíritu nos dispone a que Dios haga en nosotros a su manera y en su momento, y nos impulsa a vivir la misión como un servicio, no como un poder.

Pentecostés supone que todo nuestro tiempo es también tiempo del Espíritu Santo, Espíritu que es fruto de la Pascua, que renueva y hace ver nuevas todas las cosas; es por ello que aprovechamos también la ocasión para dar inicio al Año Ignaciano en donde conmemoramos el quinto centenario de la herida en Pamplona, evento que dio lugar a la transformación y conversión de Ignacio de Loyola.

La Casa de Ejercicios “Quebrada de La Virgen” en Los Teques estado Miranda, recibió con mucho agrado al equipo de Juventud y Vocaciones de la Provincia, para que junto a muchos jóvenes vivieran la experiencia de la Vigilia.

Pentecostés no fue solo aquél día lejano en que un grupo pequeño de discípulos asustados se sintieron fuertes, se pusieron sabios y hablaron con palabra de Dios. Pentecostés es hoy, acontece en nosotros, en nuestra misión. El Espíritu de Dios sigue siendo viento, fuego y sabiduría que nos envuelve en silencio, susurrándonos palabras de amor infinito y enseñándonos a mirar el mundo y la vida con ojos nuevos.

Invoquemos, una vez más, al Espíritu Santo para que nos regale sus luces y su fuerza y, sobre todo, nos haga fieles testigos de Jesucristo, nuestro Señor.

César Leonardo Salerno

Centro de Espiritualidad y Pastoral