San Ignacio de Loyola al enviar a sus compañeros al Concilio de Trento les indicó “Vayan a Trento y vivan en los hospitales”. En Trento se discutían los asuntos doctrinales y pastorales que definirían por varios siglos la misión de la Iglesia y, mientras la mayoría de los que participaban en dicho Concilio vivían en palacios, los teólogos jesuitas que jugaron un papel clave en las deliberaciones teológicas y pastorales vivían en los hospitales. Para entonces, se llamaba hospital no sólo al lugar donde se atendían a los enfermos sino, sobre todo, donde convivían los excluidos del sistema, los desheredados. Aquellos compañeros jesuitas no sólo eran huéspedes entre los pobres, sino que se dedicaron con esmero a ellos, como si ante el Señor “presente me hallara”. Esta orientación de Ignacio está enraizada en la experiencia espiritual que nos ha legado en los Ejercicios Espirituales: el jesuita es “seguidor del Cristo pobre y humilde”. La inserción en medio de los pobres, no sólo es un lugar social, es, sobre todo, un lugar teologal porque estamos convencidos que “la amistad con los pobres nos hace amigos del rey eternal”.

En nuestra Provincia hemos acogido con gratitud esta tradición espiritual y la hemos asumido en la primera opción del Plan Apostólico. La Parroquia San Alberto Hurtado, por su lugar social y el carisma mismo de nuestro santo patrón, está enmarcada en esta tradición espiritual, que no se puede dejar perder porque estaríamos edulcorando nuestra identidad y misión.

¿Qué significa acompañar a los pobres? El primer acto de acompañamiento es la empatía y, empatizar implica un proceso de escucha y respeto por los procesos personales y comunitarios que atendemos. Creer que las personas son sujetos capaces y llenos de posibilidades para superar las adversidades y construir espacios y condiciones de vida más humanos. Evangelizar pasa por despertar la confianza personal y comunitaria en sí mismo y con Dios, tal como enfatizaba después de cada signo: “tú fe te ha salvado” (Lc 7,50). Despertar esta fuerza contenida en el corazón humano fue, también, uno de los primeros signos de resurrección que  manifestaron los Apóstoles: “ni oro ni plata te doy, en nombre de Cristo, levántate y anda” (Hch 3,6.9)

Ahora bien, dado que “la mies es mucha y los trabajadores poco” es fundamental el trabajo en redes y alianzas de solidaridad que hagan posibles los procesos personales y comunitarios y, al mismo tiempo, trasciendan a una incidencia pública. La inserción no es una clausura, por el contrario, es un lugar privilegiado para proclamar el Evangelio a la humanidad, como hicieron nuestros compañeros en los hospitales de Trento.

Dado que en nuestro país los niveles de deterioro de las condiciones de vida son dramáticos, en nuestra Parroquia San Alberto Hurtado hemos venido generando redes de acompañamiento comunitario en diversas dimensiones de la vida: red de derechos humanos para defensa de la vida, en alianza con el Centro Gumilla y Cofavic; red de derechos humanos económicos sociales culturales y ambientales para el monitoreo de los servicios públicos en alianza con Provea y el Centro Gumilla; red educativa para el acompañamiento de los Centros educativos en Alianza con Fe y Alegría, La AVEC, proyección a la Comunidad de la UCAB,  CERPE, Centro Gumilla y el Servicio Jesuita a Refugiados; red de salud en alianza con Santa Inés y el Servicio Jesuita a refugiados, red para la atención humanitaria (comedores, entregas de kit de salud y alimentación) en alianza con Alimenta la Solidaridad, El Dividendo Voluntario para la Comunidad, El Servicio Jesuita a Refugiados; el Centro de Formación Integral San Alberto Hurtado para el derecho a la recreación de niños niñas y adolescentes en alianza con la Biblioteca de la UCAB y CECODAP, red “fe y Política” para la formación socio-política en alianza con el Centro Monseñor Arias Blanco y el Centro Gumilla; el grupo juvenil Renacer en alianza con Huellas. La base de todos estos procesos son las pequeñas comunidades que se han venido constituyendo en 12 sectores de la parroquia, aún frágiles y en proceso, pero llenas de esperanza.  Esperamos pronto consolidar una alianza con el Centro de Espiritualidad y Pastoral (CEP) para el acompañamiento de los procesos espirituales tanto personales como comunitarios.

Cuidar la vida, defender la dignidad humana y, abrir posibilidades de mejores condiciones de vida desde la amistad con los pobres es ser: “Un fuego que enciende otros fuegos”.

Alfredo Infante, S.J.