Braulio Velasco Domínguez de Vidaurreta nació el trece de diciembre de 1926 en Sangüesa, Navarra, España. Sus padres fueron Braulio y Guadalupe, tuvo cinco hermanos, una familia muy cristiana que siempre estuvieron muy vinculados a la vida en la Iglesia, tanto que el mismo día que nació su hijo lo bautizaron en la Iglesia Parroquial de Santa María la Real.

Su madre Guadalupe ejerció en toda su familia un profundo influjo espiritual, en particular en Braulio que se refería a ella con una devoción especial.

Cursó la primaria en su ciudad natal, de 1932 hasta 1938. Luego fue a estudiar bachillerato en la Escuela Apostólica de San Francisco Javier, de 1938 hasta 1945, siendo del mismo curso el P. Luis Armendáriz, S.J.

Al terminar el bachillerato ingresó al Noviciado de la Compañía de Jesús en Loyola, España, el siete de septiembre de 1944.

Culminado el noviciado, inició el juniorado en Orduña, España, desde 1946 hasta 1948. Después comenzó la Filosofía en Oña, Burgos, donde obtuvo su licenciatura en 1951. A continuación, fue destinado al colegio de San Sebastián para iniciar la etapa de Magisterio como profesor de castellano y filosofía, además de ser subprefecto de disciplina.

Terminada la etapa de Magisterio en 1954, fue a Oña para completar la formación teológica de la Compañía de Jesús hasta 1958. Como era costumbre, finalizado su tercer año de Teología, fue ordenado sacerdote por Monseñor Benjamín Arriba y Castro el treinta de julio de 1957 en Loyola.

Al año siguiente el P. Braulio Velasco, S.J. hizo su Tercera Probación en Gandía, España.

El quince de agosto de 1960 hizo sus Últimos Votos en Pamplona, España, donde había sido destinado al Colegio San Ignacio para desempeñarse como profesor hasta 1962.

En 1962 fue destinado a Venezuela, y pisó tierras venezolanas el veinticinco de noviembre de ese año. En los primeros años vivió en la comunidad de la residencia San Francisco donde funcionaba también el Centro de Información de Acción Social (CIAS). Allí colaboró con el P. Manuel Aguirre, S.J., Director del CIAS, en cursos de formación social para el Circulo Obrero, del que llegó a ser director. Además trabajó en el Barrio Gramoven y fue confesor en el templo.

Su segundo destino en Venezuela fue la Comunidad de Jesús Obrero en 1966, donde trabajó como Padre Espiritual de los alumnos del liceo, docente de religión, confesor de los alumnos y consultor, además de también encargarse de la biblioteca.

En 1968 fue destinado a la residencia San José de Mérida, encargándose de diversas tandas de Ejercicios Espirituales (EE.EE.), y confesor asiduo en la Catedral.

En 1969 residió en la residencia San Francisco de Caracas, colaborando con el equipo de Ejercicios. En ese mismo año fue a Roma, Italia, para participar en el II Curso Internacional sobre EE. EE., y al finalizar pasó a la Universidad Gregoriana para realiza estudios sobre moral.

En 1970 fue destinado a Maracaibo, a la Residencia San Felipe Neri como encargado del Equipo de Ejercicios Espirituales hasta 1972. De 1973 hasta 1974 fue a Mérida, a la residencia San José, para desempeñarse dentro del mismo ministerio.

Un año después de su paso por Mérida regresa nuevamente a Caracas, a la Iglesia San Francisco, para desempeñarse como encargado del equipo de EE. EE.

En 1976 pasó a la Provincia del Ecuador, a la Casa Parroquial La Merced de Manta, desempeñándose como Vicario Cooperador, y encargado de los Ejercicios Espirituales. En los años de 1977 hasta 1980 estuvo en el Noviciado de San Ignacio, en Cotocollao, como prefecto espiritual y encargado de los Ejercicios Espirituales. Un año después fue destinado a la Residencia de San Ignacio en Quito como Prefecto Espiritual.

Finalizadas sus labores en Ecuador, regresa a Venezuela en 1983, a la Curia Provincial de Caracas como miembro del Equipo de Ejercicios Espirituales, hasta 1985, siendo en este último año Director Nacional del Apostolado de la Oración.

En el curso de 1986-1987 volvió a Ecuador, a Manta, como Director de la Casa de Ejercicios Espirituales de San Pedro Claver. A mediados de 1987 va a la Iglesia San José de Guayaquil como operario hasta 1988, y en 1989 fue al Colegio San Francisco de Borja en Cuenca, para ser Director de la Casa de Ejercicios San Ignacio, da EE. EE., y también colabora en la pastoral del Colegio.

En 1990 fue a Madrid, España, a la residencia Beato Pedro Fabro para actualizar sus estudios especiales en Teología Pastoral.

Al año siguiente regresó a Ecuador, a Portoviejo, al Colegio de Cristo Rey para trabajar en la pastoral del colegio y también dirige EE. EE.

En el curso de 1992-1993 regresó nuevamente a la Provincia de Venezuela, residiendo en Los Teques como ministro, operario y encargado de los Ejercicios Espirituales.

Luego pasó a la Residencia San Francisco de Caracas en 1994 como confesor, da Ejercicios Espirituales, fue operario de pastoral en el Templo. También colaboró en la biblioteca, fue escritor sobre temas de San Francisco y Director Nacional y Arquidiocesano del Apostolado de la Oración hasta el 2002.

Al año siguiente, y por corto tiempo, fue destinado a Guasdualito, Estado Apure, a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen para colaborar en la pastoral.

En el 2004 regresó a la residencia San Francisco como operario de la pastoral en el Templo y escritor hasta el 2010.

Un año después fue destinado a la residencia del Colegio San Ignacio, como capellán de la comunidad de religiosas del Colegio Cristo Rey. Colaboró en la pastoral del Colegio San Ignacio, dio Ejercicios y fue acompañante espiritual hasta el 2014.

Sus fuerzas fueron poco a poco fallando, y debió pasar a la Enfermería Provincial en el 2015 para recibir los cuidados necesarios, pero siempre se mantuvo orando por la Iglesia y la Compañía.

El veinticinco de agosto de 2015 el P. Braulio Velasco Domínguez de Vidaurreta, S.J. falleció. Tenía ochenta y ocho años de edad y setenta y un años de Compañía.

El P. Roberto Martialay, S.J. en un escrito describió su vida como: “Fue una vida entregada al servicio de la dirección espiritual y a los Ejercicios Espirituales, o en la vertiente de pastoral de colegio o de parroquia. En los años en San Francisco hizo profunda impresión en la gente que lo sigue, recordado como hombre de escucha y de consejo en los múltiples problemas que les afectan.

El P. Braulio Velasco Domínguez, S.J. fue un hombre de oración, que alternaba sus ratos de confesionario con largos tiempos de lectura o contemplación en la solana de la residencia donde tenía su habitación. Nos dejó el recuerdo de un hombre tranquilo, muy coherente con su vocación, dispuesto siempre a escuchar y ayudar en el terreno espiritual, en el que era un maestro y un hombre de Dios”.

En una carta por sus cincuenta años de vida religiosa que el P. General Peter-Hans Kolvenbach, S.J. le escribió, muestra el agradecimiento por sus años al servicio de la Compañía: “No cabe duda que usted procede de una familia levítica, pues dos de sus hermanos entraron también a la Compañía de Jesús, y cinco de sus primos, los Erdozáin, son también jesuitas. Este don de las vocaciones es una de las mejores pruebas que Dios puede darle a usted y a su familia, de la predilección de Dios, por saber vivir su fe en todos los acontecimientos de la vida. Prueba de ello, como usted recordará, es el testimonio de su mamá, quien años atrás les dio un ejemplo de espíritu cristiano admirable cuando Daniela su hija, con su esposo e hijo, murieron violentamente en un atentado terrorista en San Sebastián. Su mamá declaró públicamente que perdonaba a los ejecutores, y pedía a las autoridades perdón para ellos. Y no era menor la calidad humana y cristiana que tuvo su papá.”

Damos gracias a Dios por la vida y obra del P. Braulio Velasco Domínguez de Vidaurreta, S.J., y pedimos que su ejemplo nos anime en la misión encomendada.

Schirley Echenique

Comunicaciones Curia