El P. Alfredo Infante S.J., ha iniciado una Novena a San Ignacio de Loyola como preparación a la celebración de su Fiesta, que celebramos el 31 de julio de cada año. Nos propone una serie de reflexiones desde la Espiritualidad Ignaciana que publica a través del portal web de la Revista SIC.

Compartimos parte de los dos primeros días de esta Novena a San Ignacio e invitamos a seguirla visitando la

siguiente dirección: https://revistasic.gumilla.org/2020/san-ignacio-y-el-poder-de-la-palabra/

San Ignacio y el poder de la palabra

San Ignacio de Loyola insistía a sus amigos que «el decir ayuda al sentir». ¿Qué quería decir este gran Santo con esta frase? Era un consejo para la vida diaria, porque las conversas que tenemos cotidianamente nos pueden animar a afrontar la adversidad o, por el contrario, nos pueden quitar las energías y deprimir.

La palabra tiene poder, puede dar vida o quitar la vida. Nos puede ayudar a estar de pie, o a estar postrados con la cabeza gacha. Dicen, por ejemplo, que si se siembran dos plantas de la misma especie, y a las dos se les pone agua, abono, y todo lo que ellas requieran para su crecimiento, pero a una se le dicen cosas bonitas, de ánimo, y a la otra se le dicen cosas duras, agresivas, destructivas, el resultado será que al cabo de unos días a la que se le habló con cercanía, ternura y amor vivirá y embellecerá, y la otra, a la que se le habló con desprecio y violencia y se maltrató verbalmente, se marchitará y morirá.

Lo mismo pasa con nuestro corazón, se marchita, pierde energía vital, cuando se nos maltrata verbalmente, y, cuando nos repetimos a nosotros mismos cosas negativas, o cuando nos exponemos constantemente a conversaciones grises, oscuras, empantanosas, sin propósito constructivo…

Modo y orden

San Ignacio de Loyola, maestro de la vida, insistía que toda actividad humana tuviera siempre un «modo y orden» porque la mente y el corazón humano tienden siempre por su naturaleza a distraerse y a dispersarse. Si dejamos que la distracción y la dispersión lleven la voz cantante en nuestra vida diaria, terminamos los días agotados con la sensación de que hemos arado en el mar, con todo inconcluso, a medio andar, como arrojado.

El «modo y orden» del que habla San Ignacio es lo que hoy llamamos «autodisciplina» que nos vacuna contra el desorden interno y le da ritmo a nuestra cotidianidad.

En este tiempo de cuarentena, de caos social y colapso institucional es muy importante que cada día tenga su rutina clara para no estar viviendo como palma que bate el viento o caer en profundas insatisfacciones internas que van erosionando nuestra energía interior…

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