Nunca solos, sino en compañía de gente y organizaciones de buena voluntad. La parábola de la semilla de mostaza nos ofrece una imagen inspiradora en cuanto a las Redes Apostólicas Ignacianas Regionales. Porque creemos que esas redes son una invitación a un modo de proceder más fraterno, que teje relación de proximidad, articulación, colaboración, cooperación entre las personas que integran el cuerpo apostólico.

Entonces no las comprendemos como plataformas, estructuras ni modos de organización, sino como interacciones sociales entre personas de buena voluntad, que, superando desconfianzas, salvan la proposición del prójimo y se vinculan para fortalecer la vocación asumida y ampliar sus capacidades, personales e institucionales para cumplir con los desafíos de la misión. Las redes son para crecer.

En diversas regiones del país: Andes, Caracas, Frontera, Guayana, Lara y Zulia -y enfocados ahora en el Oriente del país-, se han conformado equipos, integrados por hombres y mujeres de buena voluntad, competentes y afines a la misión ignaciana.

Esos equipos a través de intercambios personales y grupales, online o presencial, están sembrando la semilla en los colaboradores de las Obras. Invitan a creer, confiar y movilizarse a un espacio de encuentro común para analizar el contexto regional, compartir capacidades y buenas prácticas, facilitar acciones articuladas en desarrollo y soñar nuevas oportunidades de camino conjunto. Que no sean una carga para nadie, sino una vinculación dinamizadora.

Visto desde los desafíos del país y los que señala el Plan Apostólico de la Provincia, son acciones pequeñas, discretas; pero en ellas subyacen tres procesos definidos por los objetivos 6, 7 y 8 del Plan Apostólico 2021 – 2026, a saber: Promover la incorporación de laicos (as), religiosos (as), sacerdotes a la gestión de las obras y redes apostólicas; Impulsar el discernimiento, la planificación, la evaluación periódica, la colaboración y el trabajo en red como características del modo de gestión de la Provincia y sus Obras apostólicas y, finalmente, Mejorar los procesos de gestión para el desarrollo eficiente y sostenible de las Obras apostólicas y comunidades.

Sentimos que vamos por buen camino. Con diversos grados de confianza y compromiso, los colaboradores de las Obras se van conectando a los espacios comunes y comienzan a creer. Se está dialogando con mucha transparencia, caridad y de forma propositiva, porque los integrantes de las redes comparten oportunidades apostólicas articuladas. Hay redes que cuentan con un sentido que las enrumba a más fraternidad. Si logramos que cada acción conjunta se convierta en un testimonio de hermandad y esperanza; es indudable que otros se irán conectando con las redes para “cobijarse en sus ramas” (Mt 13, 35).

Robert Rodríguez, S.J.