En la Universidad Católica del Táchira, tal como sucedió en el resto del país y el mundo, la situación de la pandemia generada por el Covid-19, transformó de manera sobrevenida, los modos de proceder institucionales. La UCAT, pese a todo, ha logrado mantenerse funcionando, transformándose en todo este proceso, para adecuarse a las nuevas realidades y seguir cumpliendo su misión en este año académico 2020-2021.

Así las cosas, si en un primer momento, la situación exigió una gran fuerza de voluntad y la asunción de la flexibilidad en las formas para avanzar; ya con la experiencia obtenida, se dan nuevos pasos. De esta manera, por hablar de lo académico, el Consejo Universitario dispuso la adopción de una serie de medidas que se fueron complementando en el tiempo, para alcanzar los objetivos previstos.

En ese contexto, tales medidas, aquellas que fueron probadas y discernidas como eficaces y positivas, ahora se integran en una normativa más general, aprobada en septiembre de 2020, reguladora del proceso de educación multimodal, desde el acto pedagógico hasta la secuencia de las evaluaciones, pasando por temas como el servicio comunitario. Se ha convertido esta resolución en la hoja de ruta de un momento de excepción, que busca conservar la excelencia en la formación, sin obviar la realidad que le circunda. Gracias a su implementación, el año se encuentra ya para cerrar su primer semestre, de manera satisfactoria.

Desde el punto de vista del trabajo administrativo, se han encontrado, desde las distintas instancias responsables, modos para que los miembros de su personal realicen su trabajo, de manera eficiente y eficaz. De esta manera, mediante el respeto de las normas de bioseguridad, las unidades operativas puedan atender los diversos asuntos de su competencia, de forma presencial y remota, en interacción con otros miembros de la comunidad universitaria y de terceros que se vinculan con ella: proveedores, peticionarios y público en general.

Con relación a lo anterior, los resultados visibles muestran que, la atención cuidadosa al personal, el funcionamiento de los servicios de soporte y el mantenimiento de la infraestructura, como prioridades de la gestión, vienen siendo alcanzados dentro de las posibilidades reales de la universidad.

A la fecha, se evalúa como determinante de este éxito al menos dos asuntos. El primero, la experiencia tenida y la capacidad de aprender de ella, la incertidumbre da paso a la planificación flexible pero de resultados verificables. Si bien no resulta posible vislumbrar todo el escenario de actuación, si pueden fijarse parámetros y principios para determinar los modos de proceder ante las diversas situaciones que se van presentando.

Lo segundo, ha sido el compromiso de los miembros de la comunidad ucatense, sobre todo del personal con la gestión de la Universidad. Cada uno de sus miembros, en cumplimiento de su rol, ha permitido que las tareas se cumplan adecuadamente, al hacer vivas las disposiciones que se tomaron, proponer su mejoramiento e implementar los correctivos necesarios. Si la identidad tiene que ver con una impronta personal, el diario quehacer de los ucatenses la refleja en sus ejecutorias.

Jesús Gerardo Díaz
Prensa UCAT