El 12 de junio de 2021 en la Parroquia Jesús Obrero se realizó una jornada solidaria en la que se visitó y compartió con 45 familias de los sectores Los Bloques, Los Flores de Catia y Los Higuitos. Fueron encuentros fraternos cargados de alegría y entusiasmo. Los jóvenes del Filosofado Ignacio Ellacuría junto a un grupo de voluntarios de la Parroquia se acercaron a estas familias para comunicarles un mensaje de esperanza y ofrecerles una ayuda alimenticia en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Las familias quedaron llenas de agradecimiento por este gesto, pero también todos los voluntarios que participaron, pues la acogida y el compartir con las familias impregnó toda la jornada de aquella intensa alegría y paz que solo sabe dar el Espíritu.

Compartimos este pequeño, pero significativo hito pastoral desde la invitación que nos hace el Año Ignaciano a “ver todas las cosas nuevas en Cristo”. El conocimiento interno de Cristo que tuvo Ignacio le llevó a descubrir que el proyecto de Dios con la humanidad pasa por reconocernos como hermanos e hijos de un mismo Padre; pasa por el servicio gratuito y generoso a quien más lo necesite; pasa por la cercanía fraterna con los necesitados; asunto que bien queda recogido en la frase ignaciana “ayudar a las almas”. La jornada solidaria del 12 de junio de 2021 es una expresión de este deseo de fraternidad que atraviesa nuestra espiritualidad.

Cuenta la autobiografía que, en 1535, cuando el Peregrino visitó su tierra natal, no quiso hospedarse en casa de su hermano, sino que decidió quedarse en el hospital del pueblo y desde allí realizar un intenso apostolado centrado en la predicación y en la caridad; nos dice el texto que “Hizo que se diese orden para que a los pobres se le socorriese pública y ordinariamente” [Aut. 89].

La vida de San Ignacio continúa inspirándonos pues nos refleja la esencia del Evangelio. La Espiritualidad Ignaciana brota de la experiencia de encuentro con el Creador que tuvo el Peregrino. Un encuentro que lo trasformó y lo llevó a comprender que reconocerse como hijo de Dios es inseparable del servicio y cercanía a los demás, especialmente, a quien más lo necesite, pues simultáneamente a la aceptación de la identidad de hijo, se ha de dar el reconocimiento de los demás como hermanos nuestros.

Juan Carlos Sierra, S.J.