Queridos hermanas y hermanos.

En el Plan Apostólico que estamos presentando, busqué la parte referente explícitamente a la educación y dice así, en una de sus iniciativas estratégicas: “hacer realidad el derecho universal a la educación de calidad”. Quedémonos con la palabra “hacer realidad”. No es especular, no es filosofar, sino “hacer realidad”. Y todo el Plan está orientado a reunir todos aquellos elementos indispensables para “hacer realidad”. Pudiera pensar alguien que estos están en las nubes. No están tan en las nubes cuando el anexo que va junto con el Plan, cuando llega al tema del derecho universal a la educación de calidad, dice: “en Venezuela, cada vez está más vulnerado ese derecho”. De manera que el proyecto está totalmente en la realidad. Es muy consciente de que hoy está más vulnerado el derecho a la educación de calidad que hace un año, que hace dos años o hace tres años; están en la realidad. Pero, aquí viene el contraste entre la realidad y la propuesta que asume esa realidad; toma a ese mendigo que está en el suelo y le dice: levántate y camina (Hechos 3: 1-6). Educación de Venezuela: levántate y camina; y nosotros tenemos que levantarnos y caminar. ¿Con qué fuerzas? El Evangelio dice: “En nombre de Jesús de Nazaret, levántate y camina”.

Permítanme dos palabras sobre la palabra HACER en San Ignacio. Es central en la espiritualidad ignaciana. Su conversión en los Ejercicios Espirituales llega a un punto de cruce y delante del Cristo se pregunta: ¿qué he hecho hasta ahora por Cristo?, ¿qué hago por Cristo? y ¿qué voy hacer por Cristo?  La palabra es HACER. Ahí está la conversión. Después, en la última meditación que se llama “Meditación para alcanzar amor”, tiene unas notas previas y en una dice: “El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras”. Aparece de nuevo el HACER. La espiritualidad ignaciana nos dice “ser contemplativos en la acción”, es decir, contemplar la acción de Dios y tratar de secundarla, sin separar la oración por un lado y la realidad de un mundo por otro, haciendo oración y transformando esa realidad con oración. Otra cosa muy ignaciana y que está fuertemente en el Plan Apostólico, es “poner los medios para los fines”. Usted puede tener unos fines bellísimos, pero si usted no pone los medios, es pura ilusión. Y con el Plan de Provincia pasa los mismo: los primeros medios para llevar esto a cabo somos nosotros, el sujeto apostólico: cómo nos vamos a preparar, cómo nos vamos a animar, cómo nos vamos a contagiar unos a otros, cómo vamos a sumar, y al mismo tiempo, cómo el ánimo que requiere el Plan Apostólico se vuelve un ánimo contagioso, que dejemos de llorar y digamos, muy bien, vamos a ver como se le responde a esto y a lo otro.

A mí me anima a decir esto porque eso es lo que he visto. La Universidad Católica podría estar cerrada y llorando porque no tienen presupuesto y las familias no pueden pagar; el San Ignacio, el Jesús Obrero y los demás colegios también, y Fe y Alegría también. Y no están. Son realistas, y dicen: a pesar de todo, de mil maneras, se tiene que salvar el año escolar, tienen que inscribirse de nuevo. Tendremos que reclamar, pedir aumentos, todo eso hay que hacerlo, pero no decir: “bueno, mientras no me dé el gobierno los aumentos que necesito, yo me declaro en huelga”. Sobre la marcha, tenemos que hacer y estamos haciendo. Por eso a mí me anima el Plan Apostólico, porque no es una cosa que cae en el vacío sino sobre una experiencia de cómo la gente, cómo todos ustedes, están con ese ánimo, y las familias también, porque es una tragedia tener en las casas, todo el año, a los niños sin saber qué hacer; y eso, en todos los sectores sociales, es una tragedia.

Así como he dicho dos o tres palabras sobre el Hacer en la espiritualidad ignaciana, quiero también decir dos sobre el Hacer en Jesús y su enseñanza. Acabamos de leer la parábola del Buen Samaritano. Jesús inventa este relato para explicarnos quién de verdad es el prójimo. No el que dice yo soy prójimo, ni el que reza solo, sino aquel que, al ver un hombre caído en manos de forajidos y medio muerto, se compadeció. Él podía haber dicho: “pobrecito, qué voy a hacer, no es mi oficio, llamaré a la policía a ver que lo atiendan”. Y en vez de eso dice el Evangelio: “se compadeció, se acercó, bajó de la cabalgadura, lo levantó, lo curó”. Es decir, está haciendo, está poniendo los medios, lo llevó a una posada, lo ayudó en lo que pudo, se implicó.  Compadecer no es decir pobrecito, es compadecer y resolver. En otro momento del Evangelio (Mt 25), en la parábola sobre el Juicio Final, Jesús dice: vengan benditos de mi Padre porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, viniste a visitarme a la cárcel, era forastero y me recibiste, estaba desnudo y me vestiste, etc, y la lista puede ser muy larga. Entonces, Jesús inventa una objeción a lo que Él mismo dice: ¿Cómo que yo te ayudé a ti si yo nunca te he visto? Los justos dirán si yo nunca te he visto a ti, y otros dirán, yo soy ateo, no soy cristiano; en fin, hay mil posibilidades de poner objeciones. Y Jesús le responde: “lo que hicieron con uno de estos más pequeños, conmigo lo hicieron”. Lo que hacen día a día con estos más pequeños, ahí es donde te encuentras con Dios todos los días; con esos niños, con esos maestros, con esas situaciones tremendas. Entonces de nuevo la palabra HACER. Lo que hicieron con uno de estos más pequeños conmigo lo hicieron.

Una tercera palabra: Aquí estamos en el altar los 4 colegios jesuitas, Gonzaga, Jesús Obrero, Loyola Gumilla y San Ignacio que formamos la Asociación ACSI y también CERPE, su directora leyó la Primera Lectura, y al mismo tiempo, estamos representadas las universidades por el padre Virtuoso y todo Fe y Alegría por su director, el padre Piedra Aristorena. Esto es una fuerza increíble en Venezuela. Separados valemos algo pero no tanto, juntos valemos mucho. Y en este momento, somos muy conscientes de que ninguno de ellos nació independiente del otro. Cuando nació la Universidad Católica, no tenía absolutamente nada, ni dinero, ni local, ni nada. El Colegio San Ignacio le cedió gratis su edificio y el colegio se mudó aquí, a La Castellana. De manera que nació la Universidad del colegio. Y la primera inspiración del Padre Vélaz para crear Fe y Alegría fue cuando era director espiritual de la Universidad Católica. Llevaba un par de meses y lo primero que hizo al llegar fue fundar la Congregación Mariana, es decir, grupos de jóvenes que querían hacer algo más en su compromiso cristiano. Y Vélaz les dijo: eso no se queda aquí, tenemos que ir allá a Catia. Estaban en la esquina Jesuita y fueron y vieron, igual que vio el de la parábola del samaritano: muchos niños sin escuela. Podían haber dicho: vamos a mandarle un manifiesto al Ministerio de Educación para que por favor vengan y les haga una escuela. No dijeron eso. Decidieron hacer la escuela y cada uno vio lo que podía aportar. La escuela no reunía condiciones, la maestra no era titulada, no había pupitres, se sentaban sobre los bloques. Pero se dio esa alianza y la gente del barrio se sintió conmovida, empujada y retada a unirse a esos estudiantes. Juntos respondieron a sus hijos y a la realidad. Y esa es la fórmula que Venezuela ha exportado a toda América Latina y a cinco países de África. De nuevo estamos aquí universitarios, Fe y Alegría y colegios. ¿Los colegios necesitan de Fe y Alegría? Claro que sí. El San Ignacio tiene una historia concreta de muchachos que para que se formaran en este país concreto y no en la luna, iban a la Guanota. También iban a diversas escuelas de Fe y Alegría y de ahí nació OSCASI, de esa inquietud. Todos los presidentes que ha tenido Fe y Alegría son egresados de los colegios jesuitas. Entonces, nuestra enorme fuerza en este momento es ir juntos. Aliados en el Plan Apostólico, construyendo puentes y alianzas. Eso siempre ha sido necesario, pero hoy más que nunca en este país dividido, con tanto odio sembrado, de que para que vivan los pobres hay que acabar con los ricos o hay que eliminar las empresas; toda esa siembra es obviamente absurda. Nos necesitamos todos. Pues tenemos de demostrar en la práctica concreta la alegría de compartir, trabajar juntos; lo he visto yo en los muchachos de la universidad cuando iban a la Quebrada de Catuche o a la Vega; están dando y están recibiendo mucho más de lo que dan. Y así, en todas las otras obras. Lo importante es tender puentes y alianzas. Venezuela saldrá si nos unimos todos. Si todos empujamos en la misma dirección. Venezuela está constituida por distintos, pero tenemos que hacer puentes y alianzas y esto está en el Plan Apostólico.

Finalmente, una palabra sobre calidad educativa. No nos engañamos, sabemos, como dice el Plan Apostólico, que cada vez el derecho a la educación de calidad está más vulnerado. Pero, nosotros no nos resignamos y así, entendemos por calidad, formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas con las soluciones. CONSCIENTES para que el niño y el joven vayan descubriendo su libertad, su dignidad, su responsabilidad. Vayan descubriendo que Dios es amor y que él se tiene que amar a sí mismo y al prójimo como a sí mismo, y que ese amor es la única forma de realizarse plenamente en ese nosotros. COMPETENTES: que los egresados de nuestras escuelas no sean un fraude. Cuando usted llama a un plomero y el plomero es bueno, usted queda encantado porque es competente y cuando es mal plomero, usted dice este es un fraude. Que detrás de los nuestros y de los certificados, la gente diga: si viene con ese certificado, es certificado de calidad, son competentes. Y al mismo tiempo, son COMPASIVOS, como el buen samaritano. No pasan de largo sin ver al herido, sino lo ven, se compadecen, se agachan, lo levantan y unen la compasión con el COMPROMISO. El compromiso de resolver, de darle un resultado. Eso es lo que estamos pidiendo hoy. Ser conscientes de la total desproporción entre la realidad y lo que queremos con nuestro Plan Apostólico. Piensen en aquella primera comunidad, dos o tres cristianos o una docena, que los pusieron no sé cuántas veces presos, les prohibieron hablar y les dijeron ustedes verán, si hay que obedecer a los hombres o a Dios. Nosotros seguiremos hoy obedeciendo a Dios. Entonces, la fuerza entre el reto y la escasez de medios ¿de dónde sale? Sale de la espiritualidad, de las convicciones más profundas que llevan a una nueva Venezuela, para darle vida y esperanza. Por eso, primero el Señor nos dice a nosotros y nosotros les decimos a todos los demás “levántate y camina”. Que Dios nos acompañe para levantarnos con ánimo y caminar. Que así sea.

5 de noviembre de 2020

Se puede ver la Eucaristía completa en este vínculo de YouTube:

https://youtu.be/psGeSx3Urr4