El 05 de febrero de 1903 nace en Elosu, en el Municipio Villarreal de Álava, Sabino Aguirre Urquiola. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la Iglesia San Miguel Arcángel en Elosu. En 1910 comenzó sus estudios primarios en su localidad natal y en 1915 se trasladó para estudiar en el Colegio San José de los Jesuitas en Durango (Vizcaya). Desde muy joven se despertó en él la vocación ignaciana y cuando estaba a pocos días de cumplir los 19 años de edad ingresó en el Noviciado de Loyola el 01 de febrero de 1922. En 1924 es enviado al Colegio Nuestra Sra. de Begoña en Indauchu, allí se desempeñó como Maestro y Prefecto de Empleados. A mediados de 1925 es asignado a la Viceprovincia de Venezuela.

Llegó a Venezuela el 09 de octubre de 1925. Fue destinado al prometedor Colegio San Ignacio, en la Esquina de Jesuitas, para trabajar en la Carpintería. En 1929 fue trasladado al Seminario Interdiocesano de Caracas, para encargarse de las labores de construcción y carpintería. Luego es enviado a las Residencia San Felipe de Maracaibo (Edo. Zulia) en 1932, en donde se desempeñó como Sacristán. El 15 de agosto de 1933 emitió sus Últimos Votos en el Seminario Interdiocesano de Caracas ante el Ministro del Seminario P. Juan Díez-Venero, S.J.

En 1936 regresó al Colegio San Ignacio de Caracas como encargado de las labores de construcción. Fue el mejor aprendiz y apoyo del Hno. Luis María Gogorza Soraluce, S.J. de él aprendió la mística y la calidad de trabajo. Tanta era la confianza que en 1938 el asume la batuta en los trabajos de remodelación y ampliación del Colegio San Ignacio, en su sede en la Esquina de Mijares. Un gran edificio de cinco pisos que en ese momento extrañó y sorprendió a la Caracas de los techos rojos. Posteriormente, esa misma edificación sería la cuna de la Universidad Católica Andrés Bello. Al culminar la ampliación del Colegio construyó el pabellón lateral del Noviciado San José Pignatelli, en Los Chorros, que se inauguró el 28 de noviembre de 1940.

En 1942 es enviado al Colegio San José de Mérida (Edo. Mérida) para encargarse de labores de construcción. Regresó a Caracas para colaborar en la construcción de la nueva sede del Colegio San Ignacio en Chacao, y la construcción de Instituto Pignatelli, en la Hacienda La Carmela, en los Teques. Para 1964 apoyó en la construcción del Instituto Técnico Jesús Obrero en Catia. Posteriormente fue trasladado a la Residencia de Punto Fijo (Edo. Falcón) para desempeñarse como Sacristán. Al poco tiempo es enviado al Colegio Javier de Barquisimeto para encargarse de todo lo relacionado con construcción, allí estuvo entre 1968 y 1971 cuando fue destinado a la Residencia San Francisco en Caracas, en donde se desempeñó como Portero y Sacristán del Templo San Francisco.

El Hno. Sabino Aguirre Urquiola, S.J. era amable en el trato con los trabajadores, claro y abierto con los Superiores, un gran amigo muy estimado por el clero y jerarcas diocesanos. A quienes conoció y con quienes entabló amistad desde que eran estudiantes en el Seminario Interdiocesano de Caracas. Sus grande cualidades humanas y religiosas las desarrolló en silencio, con una constancia y serenidad admirable. Siempre fue ajeno al aplauso y alabanza, firme siempre y tesonero en las tareas encomendadas por los Superiores.

En 1972 para la celebración de sus 50 años en la Compañía de Jesús toda la Comunidad de la Iglesia San Francisco se unió con alegría al festejo de una vida dedicada a construir la obra de Dios. Al acercarse sus últimos días fue llevado a la enfermería del Instituto Pignatelli, en los Teques. Falleció el 18 de marzo de 1976, con 73 años de edad y 54 años al servicio de la Compañía de Jesús.

Para su reseña póstuma en las Noticias de la Provincia de Venezuela el P. Pedro Pablo Barnola, S.J. expresó:

“Su figura alta y, años atrás, todavía esbelta; su rostro parecía sacado de un lienzo de El Greco; su andar pausado y a menudo como quien iba envuelto en sus pensamientos; su voz de poca sonoridad, más bien medio apagada, contribuían a delinear su personalidad externa. Jamás se le pudo haber tildado de remiso en sus deberes o perdedor de su tiempo. Antes, al contrario, siempre se le pudo ver ocupado como buen religioso. Y si alguna preocupación le urgía, era la de que todo estuviese bien, en orden y a tiempo; pero siempre pendiente — tal vez en demasía — de ahorrar gastos.
¡Cómo se le pudo ver en sus buenos años al frente de las grandes obras en que le tocó dirigir la labor de los maestros albañiles y del peonaje, entre quienes se hacía su igual, y por eso lo querían y lo respetaban!”.
Damos gracias Dios por la vida y obra del Hno. Sabino Aguirre Urquiola, S.J, pedimos que su ejemplo nos anime en la misión encomendada.
Adrián Jiménez
Archivo Curia