El Hno. Ángel Díaz de Cerio, S.J. nació el 12 de agosto de 1907 en la Villa de Azuelo, en Navarra (España). Al siguiente día de su nacimiento fue bautizado en la Parroquia San Jorge, en Azuelo.  De 1914 a 1918 realizó estudios primarios en su villa natal. Desde 1918 hasta 1925 se dedicó por completo a las labores del campo. En 1925 consiguió un empleo en el Colegio Máximo de Oña (Burgos) y allí conoció de cerca la labor de la Compañía de Jesús, lo que despertó en él la vocación ignaciana. Ingresó en el Noviciado de Loyola el 24 de agosto de 1926, después de pasar 6 meses preparándose como “postulante”. En 1928, después de culminar su noviciado se queda durante 2 años en Loyola trabajando en la lavandería. De allí fue enviado a Vitoria para trabajar como portero hasta 1931. Finalmente fue destinado a la Viceprovincia de Venezuela y llegó al país el 18 de noviembre de 1931.

Su primer destino fue la Comunidad del Seminario Interdiocesano de Caracas, allí sirvió como Sacristán y trabajador de la lavandería. En el Seminario pronuncia sus Últimos Votos el 15 de agosto de 1937 ante el P. Epifanio Aguirre, S.J. En 1939 fue enviado a la Comunidad del Colegio San Ignacio en donde se desempeñó como Sacristán y Maestro de 1º Grado.

En 1947, un acontecimiento “casual” cambió por completo la historia de su servicio en la Compañía de Jesús. Según el escrito de 1959: “Cómo nacieron los textos del H. Diaz de Cerio”, que reposa en el Archivo Provincial, y del cual se desconoce el autor, él nunca tuvo la intención de ser escritor. Todo comenzó como unos simples “apunticos” que él realizó para simplificar algunos temas y acomodarlos a la mentalidad de los pequeños alumnos de su clase de primer grado. Sus apuntes resultaron muy exitosos para su salón de clases. Luego fueron utilizados por todo el Colegio y muchas familias interesadas comenzaron a pedirlos para educar a sus hijos en casa.

Al notar que los apuntes eran tan populares uno de los Padres del Colegio pidió verlos. Le parecieron tan buenos y tan acomodados a la mentalidad de los niños que dijo: “Esto está muy bueno y hay que publicarlo”. Se arriesgaron con una edición de 2.000 ejemplares que pronto se agotó. Así comenzó el extraordinario legado literario del Hno. Ángel Díaz de Cerio, S.J. Pronto hubo que hacer otra edición mucho más grande y muchos colegios insistían en que el Hno. publicara textos para todos los grados. Sin planificarlo sus textos comenzaron a llenar un gran vacío que había en el sistema educativo nacional de esa época.

Después de aprobar con 19 puntos de calificación los exámenes correspondientes recibe su “Certificado de Suficiencia de Educación Primaria Elemental”, que le fue otorgado por la Delegación de Educación Primaria de los Estados Unidos de Venezuela a comienzos de 1949. Este es fue el único y más atesorado título académico que obtuvo durante su vida. Pero eso no hizo ninguna mella en su labor ya que lo que le faltaba en “preparación” le sobraba en voluntad para el trabajo y amor por la docencia.

La década de los 50 fue de constantes traslados para él. En el curso 1949 – 1950 estuvo en la Comunidad de San Francisco como ayudante en la administración de la Revista SIC. Para el siguiente curso 1950 – 1951 regresó al Colegio San Ignacio para ser maestro de tercer grado y Ayudante del Director del Laboratorio de Química. En 1952, fue enviado al Colegio Javier de Barquisimeto como maestro de 2º grado. Luego en 1953, vuelve a Caracas para ser el Director de la Escuela San Francisco Javier dependiente del Seminario de Caracas. Para 1954 es destinado al Colegio San José de Mérida en donde fue encargado de la Escuela Nocturna y Sacristán. El año de 1955, lo compartió entre la Escuela Jesús Obrero en Catia, en donde fue prefecto de disciplina y el Colegio Gonzaga de Maracaibo donde fue maestro de tercer grado. Posteriormente pasó al Instituto San José Pignatelli, en los Teques, allí fue encargado de la Casa de Probación y de Ejercicios. En el 1957 viaja al Colegio San Javier de Barquisimeto en donde es maestro de tercer grado y al poco tiempo regresa al Instituto Pignatelli para seguir siendo encargado de la Casa de Probación y Ejercicios. En el 1959 regresa al Colegio San Ignacio y allí se centra en dedicarse de lleno a la creación, edición y publicación de textos escolares.

La gran demanda de sus textos en el sistema educativo a nivel nacional, sentó las bases para la creación de la Distribuidora Estudios que se funda oficialmente en 1962. En 1967 realizó un Curso de Elaboración de Textos Escolares, ya para ese año contaba con 15 libros publicados, con un total de 58 ediciones y más de 21 millones de ejemplares vendidos. En 1971 es trasladado a la Residencia San Francisco, en donde fue Sacristán y siguió dedicado a la producción de textos escolares. En 1972, recibió la “Orden 27 de Junio” en su Primera Clase, que es una condecoración otorgada a los educadores más destacados de Venezuela.

Luego regresó a la Comunidad del Colegio San Ignacio en donde se quedó definitivamente. Durante muchos años fue renovando sus textos, unos veinte títulos aproximadamente, que se convirtieron en millones de ejemplares vendidos en Venezuela, Latinoamérica y España. Los títulos: Mi Jardín, Angelito, Perucho, Kikiriqui, y muchos otros, que conforman la Colección “Angelito” fueron vendidos masivamente por la Distribuidora Estudios. Estos libros han sido y siguen siendo utilizados por maestros, maestras, padres, madres, representantes y alfabetizadores para enseñar de manera sencilla y eficaz. El Hno. Díaz de Cerio, S.J., editó incluso un Catecismo y una de sus últimas obras fue el libro: “Jesús es mi amigo”.

Cuando ya su cuerpo no pudo más por los quebrantos de salud continuó su apostolado literario colocando estampas de Jesús, María y el Ángel de la Guarda en los libros que se vendían. El 23 de agosto del 2000 falleció el máximo editor en ejemplares vendidos de la Provincia de Venezuela. Murió con 93 años recién cumplidos y 74 años al servicio de la Compañía de Jesús.

La Distribuidora Estudios publicó un sentido texto para rendir memoria a su legado:

“Desde unos años antes de 1962 (fecha de fundación legal de la empresa) hasta hace apenas dos años, el Hermano Díaz dedicó sus días a esta empresa que se ha venido consolidando al servicio de la educación de los niños, niñas y jóvenes venezolanos, muchos de los cuales han aprendido sus primeras letras en los textos del Hermano Díaz de Cerio, asomándolos así al fascinante mundo de la lectura y la escritura… Hoy, 38 años después de su fundación, la distribuidora Estudios está bien consolidada en el quehacer educativo. El Hermano Díaz mirará desde el cielo su obra y la bendecirá para que siga prestando tan buenos servicios al país por que dio su talento, su esfuerzo y su vida entera, Venezuela”.
Las exequias funerarias se realizaron en el Colegio San Ignacio de Caracas, el 24 de agosto de 2000. Durante su Homilía el P. Arturo Sosa, S.J., Provincial de Venezuela para la fecha, expresó:
“Ayer me recordaba Jean-Pierre Wyssenbach otra faceta de la tarea educadora de Ángel Díaz de Cerio: la formación de los jóvenes jesuitas de Venezuela. Desde su fundación la Distribuidora Estudios fue propiedad del Arca Seminarii. Los ingresos de los millones de ejemplares de los textos Díaz de Cerio permitieron formar en Venezuela y en el exterior a decenas de jesuitas que hoy hacen posible el apostolado educativo y en otros campos de la Provincia… Querido Angelito, no nos desampares ni de noche ni de día en nuestra tarea educativa. La Provincia de Venezuela tiene un compromiso extenso y profundo en este campo que dio sentido a tu vida. Sigue apoyándonos, que lo necesitamos mucho. Intercede todo el tiempo por las vocaciones de jesuitas santos, Padres y Hermanos, hombres de oración, mensajeros de Papá Dios, capaces de vivir como hermanos, solidarios con los pobres y apasionados por la educación de los niños y jóvenes de esta tierra en la que tu semilla sembrada puede seguir dando mucho fruto”.
Damos gracias Dios por la vida y obra del Hno. Ángel Díaz de Cerio Yániz, S.J., pedimos que su ejemplo nos anime en la misión encomendada.
Adrián Jiménez
Archivo Curia