No es ilógico suponer que cada persona tiene una experiencia única al encontrarse con Dios, definitivamente trascendental y existencial. Mi experiencia no fue la excepción. Mi encuentro con Él fue el reencuentro con un Dios-Papá que anhela mi regreso a casa cuando parto buscando lo inexistente, un amor más grande e incondicional. Estos Ejercicios también fueron un reencuentro con un Dios-Amigo que necesita de mí y me acompaña en mis alegrías y en mis dificultades. Por último, con un Dios-Consejero que, impregnado en sabiduría, ansía mis momentos de silencio, para desde el fondo de mi ser guiarme a la casa de la cual nunca debí partir. Doy gracias a Dios por permitirme encontrarle y le pido su gracia para poder vivir mi vida conforme su ejemplo.

 

Por: Alfredo Reyes N.S.I.

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