Como jesuitas estábamos inquietos porque siendo una Parroquia cuyo patrono es San Ignacio de Loyola  llevábamos años sin promover los Ejercicios Ignacianos en la Vida Corriente (EVC). Por fin nos decidimos a comenzarlos en la primera semana de febrero del 2019.

Después de una corta propaganda e invitaciones particulares tuvimos la primera reunión. Llegaron aproximadamente 65 personas adultas. Con ellas comenzamos, dividiéndolas en cuatro grupos, que se reunían en sectores y en horarios diferentes. Yo estuve como único asesor. Tenía dos reuniones el lunes; a las 3:00 pm, en la Comunidad Misionera Inmaculada y a las 5:00 pm. en la Comunidad Misionera Sagrada Familia. El Martes me reunía a las 5:00 pm. en la Iglesia San Ignacio. Y los domingos a las 6:30 pm en la misma Iglesia.

Las reuniones duraban hora y media, que se dividía de la siguiente manera: La primera media hora la dedicábamos a orar en silencio repasando la semana, la segunda media hora compartíamos la experiencia vivida durante la semana, y en la tercera media hora se explicaba la guía siguiente.

Utilizamos casi exclusivamente el libro de Ignacio Huarte “Despertar a una vida diferente”. La gente quedó muy contenta con los materiales y con la pedagogía utilizada. Pareciera que el espíritu de Iñaki estaba rondando entre nosotros. ¡Gracias Iñaki!

Pronto los grupos se transformaron en comunidad de hermanos. Al final de la reunión, a pesar de la escasez, aparecían meriendas, jugos, cafés, pancitos….

El ver y escuchar la acción de Dios en cada persona fue una experiencia espiritual extraordinaria para todos.  “Te doy gracias, Señor, porque has revelado estas cosas a los sencillos”, decía Jesús. Impresiona la profundidad espiritual de tanta gente sencilla que ha sido cultivada durante muchos años.

Terminamos los EVC el domingo 07 de julio. 49 personas completaron los Ejercicios..

A finales del mes agosto cinco personas de nuestra parroquia participaron  en los Talleres para Acompañantes de Ejercicios Espirituales promovidos por la Provincia y dirigidos sabiamente por los Padres Miguel Matos S.J. y Gustavo Albarrán S.J.. Fue una excelente experiencia para nuestros participantes. De esta manera tendremos laicos formados que puedan asumir la tarea de acompañar los EVC en nuestra  Parroquia.

Al final de los EVC algunos hicieron un resumen de las diferentes semanas. A continuación, el testimonio de una madre de familia y enfermera, dedicada a la salud de nuestra gente.  Resumía así sus Ejercicios.

Durante el recorrido por los EE.EE. y a través de las semanas que viví intensamente hubo frases a veces duras, a veces sutiles, que quedaron en el corazón.

En la Primera Semana hay una frase muy especial en la que me detuve: “¿Qué estoy haciendo por Cristo y por los crucificados del mundo?” Y enseguida me respondí: “Nada” o “casi nada”… es muy poco lo que he hecho hasta ahora. Y me hago el firme propósito de participar más, ayudar, y así hacer más liviana la carga de mis hermanos más necesitados.

En la segunda semana, me encuentro ante Jesús pidiendo que sea parte de la tarea en la reconstrucción del Reino. Es ahí donde el libro de Miqueas me invita a ser partícipe con Jesús a “practicar la justicia, amar con ternura y caminar humildemente con nuestro Dios”. Y con esas palabras sé que puedo amarlo y seguirlo y dar lo mejor de mí.

En la tercera semana, he visto el sufrimiento de Jesús en la cruz, el dolor de su madre al no poder hacer nada para evitarlo, la soledad en la que le dejan sus amigos. Sin embargo,  El no les juzgó, los amó hasta el final. El apóstol Juan miraba desde lejos, pero tanto fue el amor de Jesús que le entregó su propia madre a su cuidado. Al morir y resucitar se aparece a todos aquellos que le abandonaron reconfortándolos en su dolor y tristeza.

En la cuarta semana, se presenta Jesús triunfante de la muerte, caminando con la humanidad, en la esperanza y la fe de un mundo mejor en el que todos somos responsables del hermano, animando y consolando, regresando a la comunidad como discípulos de Emaus, con la firme convicción que El estará con todos nosotros hasta el final de los tiempos, junto a María su Madre que consuela y nos impulsa a amar y servir en todo momento.

Javier Asarta S.J.

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