La navidad no es siempre un espectáculo para todos los jóvenes, porque hay quienes la viven como natividad. En las celebraciones de adviento, en las súplicas espontaneas resuenan diversidad de gritos vitales que los conectan con mayor fe e intimidad con Dios: “que salgamos de la crisis”, “que en mi familia la situación mejore”, “que regresen mis papás y mi hermano”, “que pueda graduarme y consiga trabajo”, etc.

En un espacio formativo en noviembre una joven nos mostraba su temple personal:

“Me siento obligada a no dejarme hundir por la situación, a mantenerme anclada a mis cimientos de valores humanos y cristianos y a comprometerme por la paz”

Entonces, navidad es además tiempo de compromiso y trabajo juvenil, porque es la única forma de “salir adelante”:

“Ganas de salir adelante, esperanzada, e invitada a comenzar por uno mismo, esa es la única forma de rescatar a la paz de nuestro país, sin esperar que otro lo haga por uno; si nos caemos volvemos, nos volvemos a levantar con más fuerza y ánimo en el trabajo en nuestras comunidades”

Hemos invitado a los jóvenes a experiencias misioneras y se han excusado diciendo que deben trabajar, para luchar por sus “estrenos”, pero también para contribuir más en casa a nivel económico.

Sin embargo, siempre hay quienes desean aportar de su tiempo para evangelizar y construir calidad de vida para los demás.

“Estamos viviendo un desastre, hay violencia, corrupción, delincuencia, y aquí se tiene que vivir en armonía y en convivencia, me siento llamado a aportar con la paz”.

Algunos, recientemente, nos han dicho “adiós”, están emigrando hacia Perú, Colombia, Chile, buscando un sueño. Desean llegar seguros a ámbitos sociales hospitalarios y a un país que les brinde oportunidades. Mientras los que están lejos, sueñan con las gaitas, las hallacas y volver a casa, porque han descubierto que lo fundamental de la vida es vivir en el amor.

En esos deseos se encarna la natividad del Señor, ya que muestran al “Dios con nosotros” actuando en el corazón de jóvenes que defienden la bondad, el temple y la alegría, en medio de la adversidad. ¡Que el Buen Dios los bendiga y acompañe siempre!

Robert Yency Rodríguez S.J. 

Director Huellas

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