Las diversas actividades que cotidianamente realizan los miembros de la Red Apostólica Ignaciana del Zulia (RAIZ) constituyen un aporte relevante para el progreso y desarrollo de la región. Sin embargo toda esta acción perdería dinamismo apostólico si cada uno de sus miembros no aprende a hacer esa pausa que le ayuda a valorar, contemplar y disfrutar de cada cosa que realiza en el presente en clave Ignaciana.

La acción que realizamos parece ser un principio estructurador del desarrollo de la persona y de la Obra o institución a la que se pertenece. En la acción nos complementamos y nos comprendemos como sujetos de desarrollo. Como personas nos desarrollamos actuando, nos realizamos en acción frente a una realidad que nos urge. La realidad es como esa voz que clama en el desierto y nosotros intentamos responder tímidamente con la acción, una acción que más de una vez necesita ser purificada porque no es respuesta definitiva a la solución de los problemas más urgentes. Nuestras acciones son iniciativas que nos van convirtiendo en personas, en un cuerpo apostólico, en familia. Nuestra acción es un referente ético y espiritual que habla de esa vida que se construye desde lo que somos.

¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Con qué estás contribuyendo para dejar a las futuras generaciones un mundo más amable? Estas son algunas preguntas que surgen cuando nos asomamos a nuestro hacer buscando nuestro ser.

La acción operativa que realizamos más de una vez pudiera verse asaltada por varias tentaciones que hacen que actuemos de una manera equivocada. Tentaciones que pudieran llevarnos a perder nuestra brújula dejando de pisar tierra, para creer que somos lo que en verdad no somos. La tentación de creernos líderes extraordinarios olvidando que en la vida diaria somos realmente vulnerables porque siempre necesitaremos de los demás.

En nuestro anhelo por cambiar positivamente nuestro entorno actuamos muchas veces sin apuntarle al blanco, porque vamos muy acelerados, respondiendo a cada urgencia que no puede esperar. En lo cotidiano la tentación del activismo nos convierte en activistas que se agitan sin haber actuado, sin haber podido incidir en la realidad. Con tanto activismo nos pudiéramos quedar sin tiempo para pensar y extraviados entre tantas cosas pendientes por hacer. Además del activismo, el cansancio, el intelectualismo entre otras tentaciones desfiguran la realidad, y para no perder contacto con lo esencial de nosotros mismos conviene detenerse para estar atentos. En esto resulta de mucha ayuda echar mano de nuestros sentidos. Esto es lo que en este momento nos está aportando los espacios que dedicamos a encontrarnos como Red Apostólica Ignaciana del Zulia, son espacios principalmente para detenernos y hacer pausa y llenarnos de aliento de vida. En estos espacios aprendemos a respirar, y contemplar para ver la realidad sin autoengaño.

En nuestros encuentros vamos cultivando esa capacidad de atención que nos saca de la sequedad espiritual para mirar nuestra cotidianidad desde la sensibilidad del evangelio que nos ayuda a ejercitarnos en la práctica de la compasión, y la solidaridad. Desde las alturas de la contemplación ignaciana descendemos a dar testimonio en la vida diaria, es el retorno a la realidad que nos ayuda a mantener viva la indignación moral ante el sufrimiento de los más vulnerables.

Cultivar la capacidad de discernir y juzgar las cosas desde la mirada de Dios, ejercitarse en la práctica de detenerse y contemplar la realidad con realismo nos ha permitido dejarnos interpelar por lo pequeño, por aquello que nos hace personas y nos impulsa para una acción salvadora, llena de sentido. En la RAIZ  esta disposición para hacer pausa y contemplar lo que hacemos en la vida diaria se va convirtiendo en un referente formativo como parte de nuestra identidad.

Jorge Eliécer Ulloa, S.J.