En el Centro de Reflexión y Planificación Educativa de la Compañía de Jesús en Venezuela se ha iniciado un ciclo de espacios formativos que pretenden promover la vivencia y celebración del Año Ignaciano en la Obra. Este proceso se vislumbra como una oportunidad para generar encuentros de reflexión que permitan a sus miembros animarse y renovar la mirada ante los desafíos educativos de este contexto apremiante de país.

El pasado viernes 17 de septiembre del presente año se llevó a cabo, con gran ánimo y disposición, el primero de los seis encuentros que se desarrollarán durante este periodo escolar. “Abrir los ojos y comenzar a maravillarnos” fue el título de la sesión inicial que se enmarca en la propuesta formativa presentada por la Comisión del Año Ignaciano de la Provincia de Venezuela y cuyas orientaciones pedagógicas se sustentan también, en el actual Plan Apostólico 2021-2026.

La imagen de un hombre herido en Pamplona fue el punto de partida para abordar la vida de los miembros de la Obra a la luz del proceso de conversión de San Ignacio. Se dio apertura con un momento íntimo de oración animado con variedad de cantos, seguido de dinámicas grupales para la integración de los participantes. En el momento del trabajo personal se dedicó un espacio a la toma de consciencia de las heridas en cada historia particular y se propuso un ejercicio para la contemplación de las rupturas causadas en la vida social.

Luego, como fruto de la conversación espiritual, los participantes compartieron las mociones advertidas durante la reflexión y se hizo énfasis particular en los siguientes aspectos: cultivar la dimensión espiritual en medio de la adversidad, reconocer las heridas causadas a nivel personal y social, apertura a verdaderos procesos de reconciliación y perdón y contribuir con la salvación comunitaria a través del acompañamiento y el trabajo colaborativo. Se planteó también, la necesidad de desarrollar proyectos con audacia innovadora y promover la renovación de actitudes y procesos internos de la Obra que permitan responder mejor a la misión educativa en un contexto venezolano herido.

Finalmente, respondiendo a la tarea de construir juntos la experiencia, se diseñó un mural a modo de camino que recoge los aportes de cada miembro de CERPE en los distintos encuentros. Se resaltan aquellas buenas noticias, signos de fe y esperanza que van surgiendo durante estos espacios. Los miembros del equipo se despidieron agradecidos y dispuestos a continuar la formación con actitud atenta y reflexiva, dejándose guiar por ese espíritu ignaciano que alimenta y fortalece la misión de educar para la vida.

Anyerlin Iguaro

CERPE