Primera fila de pie, de izquierda a derecha: Bernardo Lara, Armando Rojas Guardia -con el círculo-, Carlos Pacheco +, en el medio Bernardo Gómez.

Segunda fila, sentados de izquierda a derecha: Ricardo Márquez, P. Félix Moracho +, Arturo Sosa Abascal, actual Superior General de la Compañía de Jesús, y otro candidato, no jesuita. Fotografía del Archivo Provincial

En mi caminar por Venezuela mis senderos se cruzaron con los del poeta y ensayista en dos momentos: por una parte, fui alumno de su papá Pablo Rojas Guardia, también poeta consagrado, miembro del movimiento Viernes, en mis años de estudio de Periodismo en Esquina de Jesuitas UCAB; poco después conocí a su hijo Armando, alumno destacado en el Colegio San Ignacio de Loyola, y candidato a la Compañía de Jesús, aunque entendió que su camino era otro. Su historia es bien conocida por sus notas autobiográficas, y para los miembros del Centro Gumilla fue un amigo y colaborador asiduo de la Revista Sic.

Se puede consultar el texto publicado el pasado mes de abril, titulado: Armando Rojas Guardia: «No podremos subsistir como especie sin esa compasión, solidaridad y cooperación que la situación nos invita a reconocer»

Armando Rojas Guardia: «No podremos subsistir como especie sin esa compasión, solidaridad y cooperación que la situación nos invita a reconocer»

Solamente les dejo su última confesión, en una época en que pocos se atreven a declarar abiertamente su FE:

“Amigos míos, estoy existencialmente anclado en el aspecto trascendental y teologal de la esperanza, porque en lo que respecta a la evolución de mi enfermedad sólo aguardo lo peor. Los tumores en el páncreas suelen ser malignos. De manera que esa es la confirmación que espero de la biopsia. De todas formas, no es poca cosa estar invadido, incluso sensorialmente, por la convicción de que mi relación con el Absoluto es una historia de amor, un antiguo romance que no nos defraudará, ni a Él ni a mí: me permitirá, llegado el caso, morir “in manos suas”. He estado leyendo el bello opúsculo del místico catalán de la Edad Media, Ramón Llull, titulado “Cántico del amigo y del Amado”. Me identifico con cada una de sus líneas, de sus frases. Dios es para mí lo que siempre ha sido: el Amado. Su amor, indefectiblemente fiel, hará que en el momento de mi muerte yo pueda decir a conciencia: ‘estoy y estaré a salvo’.

[“Este breve mensaje, dice Armando, lo escribí para dos amigos jesuitas. Resume mi actitud espiritual frente a mi enfermedad].

Jesús María Aguirre, S.J.

 

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