El Señor ha sido grande con nosotros y estamos profundamente agradecidos con Él por esta historia, esta experiencia humana y transformadora como lo es la educación a través del Colegio San Ignacio en el que hoy celebramos estos 100 años de recorrido. En el que hacemos memoria histórica de aquellos que hicieron posible este Colegio en medio de unas situaciones diversas, adversas y muy complejas.

Y, que a lo largo de estos 100 años han pasado, como decía Mons. Ignazio Ceffalia, maestros, maestras, profesores, jesuitas, hermanas, colaboradores, pero también hacemos memoria viva de quienes hoy con mucho empuje, con mucho esfuerzo están en la onda de la lectura del Evangelio.

En el bautizo somos configurados como hijos e hijas de Dios, es una invitación que nos transforma y nos conduce a vivir unidos con otros, y hoy en esta celebración centenaria estamos llamados a reconfirmar nuestra opción bautismal con la educación, lo cual redunda en la transformación de la sociedad, porque nuestro país y el mundo así lo requieren. Hoy, a los ignacianos e ignacianas, se nos está exigiendo esa capacidad de discernir para poder encontrar la voluntad de Dios y seguirla, y así nuestro mundo sea más justo, más fraterno, un mundo donde nos miremos realmente con profundidad humana.

Que todo lo que llevamos en nuestro corazón ignaciano florezca como don de Dios, como don que Papa Dios nos regala a sus hijos e hijas. Que nuestra vocación, aquella a la que Papa Dios nos llama, sea correspondida con nuestra entrega generosa, por eso agradecemos de corazón todo lo que hemos vivido en estos 100 años y todo lo que se nos pone por delante para que nosotros no nos quedemos dormidos, sino que despertemos los retos, los asumamos con el valor que nos da el Espíritu y podamos estar a la altura de la misión que se nos encomienda.

Que Papa Dios siga bendiciéndonos a todos, a toda la familia ignaciana para que sigamos amando y sirviendo con nuestro corazón de manera generosa. Agradecer también al Excmo. Cardenal Baltazar Porras por su presencia, a nuestro amigo Mons. Ignazio, a nuestros hermanos obispos, a los hermanos jesuitas, a las hermanas Esclavas de Cristo Rey, a los estudiantes del Colegio, a los antiguos alumnos, a todos los amigos y amigas que se hacen presente, muy especialmente a aquellos que pertenecen a las Obras de la Compañía de Jesús.

Por todo ello gracias, Señor gracias.

Rafael Garrido, S.J.