20 jóvenes del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (PLIUL) de la Universidad Católica del Táchira buscaban vivir con las comunidades la experiencia de la Semana Santa, con previa preparación para invitar, planificar y reunir a las personas de las comunidades a celebrar las actividades propias de esta importante fecha.

El vivir la Semana Santa con sentido se había convertido en un deseo para florecer, liberarse, abrirse y recibir lo que desde nosotros mismos podíamos brindarnos y dejar, a su vez, en cada acción, una parte buena de nosotros. Fuera de nuestro alcance se encontraban las circunstancias y los contextos, los cuales parecían cada vez más complicados y severos, pues sin aviso alguno, el conflicto armado había logrado desplazar a miles de personas y con ellos nuestra posibilidad de vivir plenamente la Semana Santa en El Nula, Alto Apure. Claro está que, aunque las circunstancias pudieran ser oscuras y complicadas siempre existe un mínimo de luz para aprovecharlo y extenderlo. Este punto de luz y esperanza eran las comunidades de Rancherías, Páramo de La Laja y Páramo de la Sabana en Capacho, Independencia, quienes con su calidez interna contrastaban con lo frío de los páramos andinos. Tales comunidades se convirtieron en el escenario perfecto para encuentros de alma, amor en su máxima expresión, conexiones y ubicaciones de brújulas perdidas en el marco colorido de risas, llantos, preocupaciones, malestares, chistes y sobre todo liberalidad del alma.

Que ansias de sentir y hacer sentir se experimentaba en ese clima de lluvia y tempestad, que sin querer también hacia parte de esta experiencia espiritual.

La misión que canalizaríamos con la gran pasión que nos caracteriza, era reunir, agrupar y acompañar a esta comunidad para vivir con sentido el llamado de la Semana Santa. Con diferentes actividades logramos sembrar en cada una de las personas la importancia de celebrar esta festividad desde el seno de la comunidad. Sin duda alguna, la presencia del padre Francisco Aranguren S.J., era para la comunidad una gran razón para el encuentro y la vivencia de la semana, esto se pudo apreciar en cada mirada y agradecimiento que con gran satisfacción nos llenaba el corazón.

La invitación que en cada hogar y familia se entregó era agradecida con gran entusiasmo y una taza de café, que con el frio de la zona lograba calentar nuestra interioridad para continuar la hermosa misión encomendada. Cada visita a los hogares, cada familia, cada misa, cada viacrucis y charla cálida formó lo que el sentir de la Semana Santa busca.

Al llegar a nuestra realidad, aunque cansados, exhaustos y agotados, las ganas y la pasión para seguir en la misión de acercar a la comunidad al vivir de la Semana Santa no se agotaron. Seguimos con la invitación a la vivencia, pero esta vez en nuestra comunidad, en nuestra realidad y en nuestro entorno. Llenos de gozo culminamos la semana que sin duda vivimos con sentido, con ese sentido con que Dios invita a vivir y la satisfacción de que nuestro llamado caló en las comunidades visitadas.

Vivimos, pero vivimos bien, con amor pleno, con felicidad máxima, con comunidades agradecidas y con Dios en nuestro corazón.

Lara Cárdenas

Integrante de la XI Implementación del PLIUL UCAT