En todo amar y servir. San Ignacio

Semana Santa en la Parroquia Jesús Obrero – Catia

La Semana Santa es un tiempo privilegiado para profundizar y renovar los misterios centrales de nuestra fe cristiana. El pueblo fiel acude a las celebraciones con un deseo muy honesto de encontrarse con Dios, alimentar su fe y reunirse con la comunidad de creyentes. En la Parroquia Jesús Obrero la comunidad cristiana hace suya la semana mayor. Desde los días previos al Domingo de Ramos comienzan los preparativos para que todo esté a punto para estos días. Se dividen las tareas y responsabilidades por grupos y comunidades.  Existe una corresponsabilidad que constituye a la comunidad, y les hace participar desde lo que cada uno es y puede aportar para que todos puedan conmemorar con verdadera hondura en la fe cada día de esta semana.

Con la entrada de Jesús a Jerusalén y el signo de las palmas en las manos de la gente se da inicio a un itinerario. En él se desea acompañar a Jesús dejando tocar la vida por los acontecimientos de su pasión, muerte y resurrección. Si algo trasmite este acontecimiento de Jesús a las personas es que sienten que no están solas, que Jesús camina con ellas, acompaña sus cruces, las ama desde la misma entrega de la cruz y las invita consoladoramente a ver que la tumba está vacía, que está vivo, que ha resucitado.

Durante estos días santos en la comunidad se ofrecieron espacios para la reconciliación y la unción sanadora de los enfermos. Estos momentos son muy valorados por todos los feligreses, alguno de ellos, decía: “¡Necesitaba tanto el perdón de Dios! ahora me voy con una paz muy profunda”. Por su parte, uno de los ancianos que participaba de la eucaristía de la unción de los enfermos, decía: “¡Qué bueno que he podido venir a compartir con la comunidad, me siento confortado!”. La gente vive con profundidad desde lo que son y sienten en sus corazones el don de la fe que se les ha dado. Eso, sin duda, fortalece la fe de todos, nos enriquece a todos ser testigos de primera línea del consuelo y la gracia que el Señor da a sus hijos muy queridos.

Otra experiencia significativa ha sido recorrer las calles con la imagen del Nazareno. Desde el 23 de Enero hasta Los Flores de Catia se va expresando la devoción y la fe con fieles vestidos de púrpura, cantando, llevando la imagen y reflexionando cada una de las estaciones del vía crucis que conecta a todos con el Jesús que se entrega por nosotros. Esa experiencia cala mucho en el corazón de la gente. Es como si pudieran experimentar que sus dolores, sus cruces, sus coronas de espinas, tuvieran sentido, tuvieran un horizonte esperanzador al ver a Jesús que carga la cruz y se levanta para seguir adelante. Durante el recorrido la gente lanza flores al Nazareno, da gracias por haber sido rescatado con vida de un secuestro y ora por esta amada tierra que en estos días ha vivido un verdadero vía crucis represivo en sus calles. Los fieles se van consolados, contentos, la bendición de Jesús Nazareno toca el corazón: “estoy segura que el Nazareno nos bendice a todos”, decía una feligrés.

El lavatorio de los pies es un signo del servicio y la entrega fraternal que explicita una enseñanza central de Jesús para nosotros: lavarse los pies unos a otros. Servir, perdonar, comprender, no juzgar, ser capaz de ponerse en el lugar del hermano, tender la mano para ayudar. La comunidad acoge este mensaje sabiendo que es lo que Jesús quiere que vivamos, que no sea teoría abstracta, sino que implique la vida concreta que se vive en la familia, en el trabajo, entre amigos y en la comunidad parroquial. Ser seguidores de Jesús pasa por aprender a lavarnos los pies unos a otros. Todos necesitamos lavar y que nos laven los pies. Una invitación a que la humildad del corazón sea eje transversal de las relaciones interpersonales en la comunidad.

La Dolorosa y el Santo Sepulcro recorren también las calles de La Línea y Los Higuitos llevando el mensaje del amor de Jesús. Manifiesta su entrega en la cruz como Hijo y como Hermano hasta el fin, abandonándose en las manos del Padre. El encuentro de las dos imágenes fue un momento que hizo orar a todos por el drama que vivimos como sociedad en el dolor de tantas madres que se encuentran con sus hijos muertos. Oramos pidiendo que nuestro corazón se comprometa cada vez más a generar una cultura de la vida que destierre definitivamente el luto prematuro que hace traslucir opacidad en la mirada y el corazón de tantas madres que en nuestro barrio han perdido a sus hijos: “sigo orando por mi hijo Miguel, esté donde esté, sé que está en las manos de Dios”, manifestaba una fiel que su hijo lleva año y medio desaparecido luego de ser secuestrado.

La resurrección es la fiesta de la vida, el consuelo y la esperanza. Cristo aparece como luz que ilumina nuestra vida con su vida nueva y resucitada. La fe se renueva y se hace más fuerte en el corazón. Con ese sentir la gente trae su velita y la enciende del fuego nuevo con la certeza de que Cristo resucitado de alguna forma también llena la vida con esa misma luz. Se camina por las calles compartiendo la luz del resucitado, pidiendo a lo alto que esa luz de Cristo ingrese a cada hogar y a cada corazón de la Parroquia. Que experimentemos que por más oscuridad que se pueda percibir hay razón para encontrar consuelo y esperanza desde la fe en Cristo que ha vencido la muerte y nos da nueva vida.

Finalizaba la noche pascual con una danza con el tricolor nacional y la canción “Venezuela”. Los globos, los colores, pero sobre todo el sentir profundo de implorar a lo alto por nuestro país. Toda la comunidad comprendió que celebrar la resurrección era también ofrecer al Señor lo que somos y pedirle que nos abra los caminos de paz, justicia, entendimiento, democracia y que prevalezca el bien común para todos los hijos de esta “Tierra de Gracia”. Ser signos vivos de la resurrección de Jesús desde la realidad que vivimos como sociedad.

Un agradecimiento especial a los jóvenes misioneros de las instituciones educativas ITJO, IUJO y CFJO quienes con gran generosidad oraron juntos, recorrieron las calles de la comunidad llevando un mensaje de fe y compartieron actividades recreativas. Han sido un signo para toda la comunidad parroquial de por dónde queremos transitar como Parroquia.

Cada uno con su compromiso y entrega hizo posible que compartiéramos con gran fruto estos días santos.

La Semana Santa nos lanza a la vida con la gracia del resucitado. Que el compromiso por construir y transformar nuestra realidad sea guiado por el Espíritu de Jesús, y desde esa experiencia, que la Parroquia sea un signo cada vez más palpable de fe, fraternidad, solidaridad, misión y fiesta. Felices Pascuas de Resurrección para todos desde nuestra humilde comunidad de Los Flores de Catia.

Javier Fuenmayor, SJ

Párroco

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